06-03-2002 | Discursos

DEBATE SOBRE EL PRESUPUESTO 2002

Intervención del Presidente del bloque de la Unión Cívica Radical, senador Carlos Maestro.

Tiene la palabra el señor senador Maestro.
Sr. Maestro. - Gracias, señor presidente.

Voy a ratificar el pedido que hizo un miembro de mi bancada en el sentido de pasar a un breve cuarto intermedio de quince minutos, pero previamente quiero hacer algunas manifestaciones.

Hoy existe un gobierno de transición en la Argentina; aquí se ha expresado con propiedad que así es. Se trata de un gobierno de transición que está sostenido por este Parlamento argentino. Y lo que estamos tratando hoy aquí es un presupuesto también de transición; un presupuesto que no difiere mayormente de los enunciados que en su momento, en septiembre del año pasado, presentó al Parlamento el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo al elevar un bosquejo de metas y de objetivos, simplemente. Después, en diciembre, sí se introdujo formalmente un proyecto de presupuesto. Es cierto que se ha mejorado ese proyecto; y es consecuencia también de que se ha producido el debate sobre esa iniciativa. Históricamente, en el tratamiento legislativo del presupuesto el Congreso siempre lo mejoró porque atendió las necesidades, los reclamos y los problemas que planteaban los diversos sectores de la sociedad argentina.

Hoy tenemos, entonces, un presupuesto que, por cierto, no alegra a nadie porque tiene como objetivo fundamental lograr el equilibrio fiscal y porque adolece de un problema sustantivo como la muy baja recaudación y consecuentemente -circunstancia que a todos nos ocupa y nos preocupa- la necesidad de reducir el gasto, con lo que ello implica también en cuanto a desatender muchísimas urgencias y necesidades reales de diversos sectores, fundamentalmente, los más humildes.

Aquí expresaba al comienzo del debate el miembro informante, senador Verna, cuál era el pensamiento del presidente de los argentinos formulado en la Asamblea Legislativa en la que daba por iniciado el período de sesiones ordinarias de 2002. Recordó algunos de los tramos del discurso del señor presidente cuando manifestaba su compromiso con una firme alianza del Estado con la producción y cuando ponía como objetivos prioritarios la recuperación del empleo en la Argentina, las posibilidades de producción y la atención de los sectores más carenciados de la sociedad; objetivos que, indudablemente, son compartidos por todos nosotros aunque aún, por cierto, no se expresan en este presupuesto. Esos objetivos constituyen el gran desafío del conjunto de quienes integramos este Parlamento: colaborar con el presidente de la Nación para lograr, precisamente, que esos enunciados se correspondan con la realidad, con la marcha y el destino de este gobierno.

Pero el presidente de la Nación expresaba también otras cosas. Él nos decía que resultaba ineludible hablar de economía y mirar hacia atrás para explicar las bases de este nuevo rumbo que la Argentina ha adoptado. “Hemos escuchado [decía el presidente Duhalde] en estos días críticas al programa económico del gobierno. Muchas de ellas provienen de quienes han sido ejecutores y predicadores del modelo perverso que acabamos de dejar atrás. Llevó [decía] años de políticas erróneas destruir el aparato productivo de un país laborioso como la Argentina. Las causas de esa destrucción no se limitan solamente a malas administraciones ni se explican echándole la culpa a los de afuera. Debemos aprender de nuestros propios errores y aciertos.

“Hoy no voy a detenerme [agregaba] en una descripción de lo que sucedió en las últimas décadas. Los resultados están a la vista: desaparecieron no sólo empresas sino ramas enteras de la industria. Se desarticuló el aparato productivo y el desempleo alcanzó niveles nunca registrados en nuestro país. Todo esto es absolutamente incompatible con el funcionamiento de una sociedad normal.

“Tardamos en comprender y aceptar que mientras el país era mostrado como un ejemplo en el mundo, la realidad argentina sólo exhibía crecimiento en sus cifras de desocupación, de endeudamiento, pobreza e injusta distribución de la riqueza.

“La convertibilidad, que había sido el remedio para salir de la hiperinflación, terminó cobijando la enfermedad que asfixia a nuestra economía. Pensada para mejorar la productividad, terminó en depresión y profundizó la exclusión masiva. La situación en que quedó la Argentina es tan compleja que más que hablar de una crisis debiéramos hablar de varias superpuestas. Entre ellas, la crisis fiscal explotó hacia fines del año pasado, cuando debió sincerarse el fracaso rotundo de aquellas viejas políticas, y la Argentina se vio obligada a declarar la imposibilidad de pago de la deuda pública en los términos en que estaba programada.”

Y finalizaba este tramo el presidente Duhalde diciendo que esto llevó a otra crisis, consecuencia inmediata de la anterior, y que seguimos sufriendo: la pérdida de todo financiamiento para el sector público y privado, y la obligación de manejarnos con presupuestos muy ajustados.

Estamos en esta situación que vive la Argentina porque estos barros provienen de aquellas lluvias. Y cuando hablo de barros soy piadoso con el pantano en el que estamos inmersos todos los argentinos. Entonces, creo que está claro -y así lo ha transparentado el presidente de la Nación- que ha habido muchos aciertos pero también muchos errores en las anteriores administraciones y que hay una corresponsabilidad que debemos asumir todos en plenitud; porque todos somos corresponsables. Ha habido gestiones y momentos en las diversas administraciones en que se ha tenido mayor o menor fortuna, en que se ha tenido más o menos capacidad, donde se ha tenido más o menos inteligencia para resolver los problemas de los argentinos. Seguramente, ha habido en la anterior administración del gobierno de la Alianza un cargo importante en ese sentido. Pero todos tenemos que asumir en plenitud la responsabilidad que hoy nos lleva a acompañar en este Parlamento argentino, desde la oposición, las leyes fundamentales que requiere este presidente para poder llevar adelante su gestión de gobierno.

Pero el presidente Duhalde agregaba algo más. Él nos decía que denunciaba a la dolarización como la bandera de los enemigos de la existencia de la Patria y de la soberanía. Y no se equivocaba, señor presidente, porque es así. En estos días, en el mismo momento -creo que fue el mismo día- en que el presidente Duhalde presentaba este pensamiento -que compartimos- denunciando la dolarización como la sombra que se cierne sobre la capacidad argentina para salir de la crisis, el señor Dornbusch-el economista americano de origen alemán, colega de Stanley Fisher, amigo entrañable de Domingo Cavallo, ideólogo del consenso de Washington- nos anoticiaba con todo desparpajo que los grupos económicos internacionales que él asesora y representa habían decidido “bajarnos el pulgar”.

¡Vaya si fue un momento duro para quienes tenemos el gran desafío de superar esta etapa dramática de la vida nacional! Este hombre nos ha dicho -y no fue poco- que la Argentina "no va más", que no es más un país soberano, que no va a tener moneda, que no tendrá recaudación, que no tendrá aduana. Ni siquiera será una colonia de los Estados Unidos. Para Dornbusch la Argentina debería ser un territorio internacional.

La señora senadora Arancio, por la provincia de Jujuy, ha presentado un proyecto de declaración en este Senado de la Nación -que emos acompañado- por el que se expresa la profunda indignación y nuestro rechazo a este agravio incalificable.

Para Dornbusch y para todos los que él representa -que no son enemigos menores-, la Argentina debería ser un territorio internacional. Para él, la Argentina es el primer derrotado en la guerra mundial del tercer tipo; la guerra financiera, cuyas armas son el saqueo del patrimonio de las naciones, el vaciamiento cultural y la pérdida absoluta de identidad. Eso es lo que avizora para la sociedad argentina. Nos propone que entreguemos nuestra administración a los acreedores. ¡No hay ni siquiera un juez en esta quiebra! Los acreedores se hacen dueños del país para cobrarse.

Y la doctrina de nuestro país, la que levantó el gran argentino Hipólito Yrigoyen en su gobierno, nos decía que “la victoria no da derechos”. Sin embargo, la doctrina de Dornbusch es que la deuda genera lo que en la época medieval se conocía como el derecho de pernada.

Nos están avisando; nos dicen: “Ustedes no pueden cambiar el rumbo, ustedes no tienen Estado, ustedes no son un país soberano, ustedes perdieron la guerra financiera. No pueden tener ni siquiera bancos públicos”. ¡Ni siquiera quieren que tengamos bancos privados!

Así, vemos el ataque que en estos momentos sufre el Banco Galicia. En el día de la fecha, con total desparpajo, el HSBC -a través de su más calificado representante- se ha quejado impúdicamente de las condiciones en que se desarrolla la actividad financiera y bancaria en la Argentina. ¡Nos ha amenazado con retirarse del país, en un momento en que está requiriendo del gobierno argentino que se haga cargo de brindarle un excelente negocio con la apropiación del único gran banco privado que queda en la Argentina! ¡Seguramente está pretendiendo que el Banco Central pierda los 3900 millones de redescuentos que le ha entregado a ese banco! Y, por supuesto, también está tratando de ver qué hace con la cartera de créditos del banco. Si no logra una negociación compatible con sus apetencias, amenaza con retirarse del país.

Entonces, señor presidente, creo que estamos frente a una gran amenaza, en la cual todos tenemos que tener las fortalezas moral y espiritual y la comprensión cabal de que no podemos volver a recrear enfrentamientos estériles; debemos dejar de lado las provocaciones.

Tenemos que entender que en esta Argentina dolorida y sufriente, con gran parte de su pueblo empobrecido, debemos estar a la altura de las circunstancias y demostrar que esta clase política ha comprendido no solamente lo que nos ha pasado a través de los años y por nuestras propias culpas y responsabilidades, sino que también tiene en sus manos la posibilidad de encontrar un camino de superación.

Nos amenaza la disgregación del territorio nacional. Ante ello, se preparan y nos avisan. Vienen por la administración de nuestro país. Ya los hombres públicos, en particular nosotros -la clase política-, hemos sido denigrados hasta el extremo por estos grupos de avanzada. ¿Qué podemos hacer frente a estas circunstancias? ¿Callarnos, retirarnos, seguir enfrentándonos estúpidamente e imputándonos cargos y trasladando responsabilidades exclusivamente a otros? ¿O actuar como quiere el pueblo, es decir, ejerciendo en plenitud nuestras responsabilidades públicas e institucionales en defensa de la soberanía nacional?

Este es el gran desafío. Tenemos que responder a estos canallas y miserables que creen que ya nos han vencido y derrotado y que por eso están en condiciones de apropiarse del país.

Esos enemigos tienen nombre y apellido. Y lo tienen también, dentro de nuestra propia sociedad, quienes consciente o inconscientemente trabajan, actúan y manifiestan posiciones que objetivamente están ayudando precisamente a esos enemigos de la patria.

Algunos de esos cuadros y soldados seguramente los tenemos durmiendo en los "cuarteles" del radicalismo y sin duda hay algunos que también están dentro de los "cuarteles" del peronismo. Con seguridad, la gran mayoría está enmarcada dentro de la derecha liberal y en los sectores de la antipolítica. Seguramente, también habrá algunos enquistados en los cuarteles militares. Pero en todos los cuarteles, tanto civiles como militares, duermen argentinos; millones de argentinos que quieren seguir siendo dueños de su destino y no empleados ni siervos de los acreedores rapiñeros.

Para evitar que los Dornbusch logren su objetivo debemos hacer algo más que aprobar este presupuesto y mucho más que tratar de aprovechar su discusión para volver con mezquindad a formular discursos disgregadores. Concretamente, debemos tener la posibilidad de encontrar la respuesta a los problemas de la patria.

Desde luego, este proyecto de presupuesto es un requisito indispensable requerido por el Fondo Monetario Internacional. Nuestro bloque lo va a votar favorablemente. Hemos brindado el número suficiente en la Comisión de Presupuesto y Hacienda, hemos facilitado el quórum necesario para la celebración de esta sesión y vamos a hacer lo propio para que hoy pueda ser aprobado el presupuesto, porque sabemos la situación de extrema debilidad de nuestro gobierno y la necesidad que tiene de contar cuanto antes con este instrumento.

Pero somos conscientes también de que para salir del estancamiento y de esta crisis formidable no basta simplemente con tener el apoyo del Fondo Monetario Internacional, que quiere volver a sostener negociaciones con la Argentina porque necesita que podamos pagar la deuda. Pero los argentinos requerimos, además de honrar nuestros compromisos, encontrar la forma de poder crecer y volver a insertar en la sociedad a los millones y millones de excluidos. Necesitamos volver a recrear la esperanza de nuestros productores, de nuestros jóvenes, estudiantes, profesionales y técnicos y poder, realmente, encontrar el camino de la construcción de la sociedad democrática y progresista que nos merecemos. Para eso hay un largo camino que recorrer y mucho trabajo que realizar.

Entonces, estamos pidiendo que tratemos de llevar el desarrollo de esta sesión con la mira puesta en estos altos objetivos. Estoy seguro de que la inmensa mayoría de quienes componen este cuerpo, desde la propia bancada oficialista, tienen la absoluta convicción y firmeza para actuar en consonancia al igual que nosotros, pero debemos prepararnos para encontrar esas respuestas.

¡Qué presupuesto paupérrimo! ¡Cómo no lo va a ser si no tenemos recursos! Ese es uno de los grandes desafíos: ayudar al presidente de la Nación a que los pueda obtener, que seguramente no vendrán en gran cantidad del exterior para estos fines, para los que nosotros perseguimos, es decir, para instrumentar un gran plan social que nos permita recuperar la dignidad de tantos argentinos, para volver a insertar políticas activas que ayuden a la recuperación de nuestra economía y de nuestros productores, para que podamos reactivar nuestras obras públicas -en general y en forma especial- y para largar un gran plan nacional de viviendas económicas que tanto necesitan millones y millones de argentinos que viven hacinados en condiciones vergonzosas.

Entonces, para eso es que nosotros tendemos la mano a la bancada oficialista y le decimos que queremos trabajar junto a ella, porque hay muchas cosas que podemos hacer. ¡Claro que se pueden hacer! No solamente tenemos que gastar tiempo y esfuerzo intelectual en ver cómo nos peleamos por repartir lo poco que hay -cada uno con sus lógicas aspiraciones de acuerdo con las necesidades de sus provincias o de sus sectores- sino también en cómo hacemos para incorporar recursos. Esto es posible, pero debemos hacerlo rápidamente porque esta crisis no espera y esta situación gravísima que hoy padecen tantos argentinos no puede esperar más tiempo.

En este sentido, por ejemplo, estamos proponiendo que de una buena vez en la Cámara de Diputados se dé tratamiento -hace seis meses que tiene despacho de la Comisión de Presupuesto y Hacienda- a un proyecto que hemos presentado hace casi un año, para modificar el impuesto a los bienes personales. Sé que al respecto hay proyectos también en esta Cámara. Por ejemplo, conozco el pensamiento del senador Antonio Cafiero, que coincide con el nuestro y con el de muchos otros senadores del justicialismo, que incluso también lo han expresado en el recinto en algunos debates.

Es una barbaridad que el 80 por ciento de los propietarios de los grandes bienes de país no paguen impuestos a los bienes personales, porque la ley tiene resquicios y la reglamentación -no sé si adrede o no- ha sido defectuosa. La iniciativa presentada permitía que aporten gran parte de los que tienen capacidad contributiva en la Argentina.

¿De dónde vamos a sacar los recursos sino de los sectores más favorecidos de la sociedad? No los pueden poner nuestros trabajadores ni mucho menos los desempleados. Ese proyecto de impuesto a los bienes personales podría incorporar una cifra similar a la que expresaba el senador Verna, haciendo que a la actual proyección de recaudación de bienes personales para este año le pudiéramos incorporar otro monto similar.

Esto permitiría que se acabe esta táctica elusiva que hace que el 80 por ciento de los accionistas de las doscientas empresas más importantes del país no paguen el impuesto a los bienes personales y que el 69 por ciento de los accionistas de los grandes bancos tampoco lo hagan. Hay que volver a insertar el sentido de equidad tributaria con una reforma impositiva que nos permita realmente tener un sistema a la altura de un país civilizado. Vamos a trabajar entonces y esperamos contar en los próximos días con la aprobación de ese proyecto de ley.

Asimismo, queremos modificar la ley de impuesto a las ganancias. Incluso, hay un muy buen proyecto presentado en su momento por la que hasta hace pocos días era diputada nacional, Beatriz Nofal, que tiende precisamente a privilegiar la reinversión de los royalties, de los dividendos que se envían al exterior y privilegiar la reinversión en la Argentina, como forma de hacer realmente una política tributaria inteligente que apunte al crecimiento nacional.

No estoy de acuerdo con la posición de la ex diputada Nofal de renuncia. Creo que debió haber mantenido su lugar de lucha. Pero reconozco también, porque me consta, que pasó un año reclamando el tratamiento de ese proyecto. Seguramente por la impotencia y por otras cuestiones que desconozco -que seguramente habrán influido en su ánimo- tomó la decisión de renunciar a la banca en el Congreso de la Nación. Es un muy buen proyecto de una muy buena ex legisladora argentina.

Creemos asimismo que se pueden encontrar recursos en algo que ha generado un debate y una polémica expresada recientemente en la Cámara de Diputados de la Nación -discusión que viene de vieja data- y que hoy también se dará en este recinto. Me refiero a los regímenes promocionales de las provincias comprendidas en el Acta de Reparación Histórica. Los vamos a mantener, aunque pensamos que se podrían securitizar las deudas que poseen con el Estado nacional y así hacerse inmediatamente, no a lo largo de tantos años, de una masa interesante de recursos que puedan ayudar a la situación de emergencia que hoy enfrentamos.

Debemos debatir rápidamente en el Congreso de la Nación la situación del sistema previsional. Un sistema que modificamos en su momento porque se nos dijo que el cambio daría lugar a la existencia de un mercado de capitales a través de las AFJP que, a su vez, derivaría en una fenomenal reactivación del aparato productivo argentino y, por ende, en una derrota total de la desocupación. Sin embargo, pasaron los años, los resultados no llegaron y hoy nos encontramos con un sistema previsional donde las AFJP no cumplieron precisamente con su rol sino, por el contrario, simplemente que han servido para el enriquecimiento de los grupos de personas que controlan cada administradora.

La sola posibilidad de suspender por un año los aportes a las AFJP significaría incorporar ya al presupuesto de los argentinos una masa de recursos de entre 3500 y 4000 millones de dólares. No se trata de cifras menores, precisamente en un momento en que estamos discutiendo -lo hemos visto en la Cámara de Diputados de la Nación- la situación de extrema vulnerabilidad que hoy tienen los argentinos, al punto que veíamos las disputas por ver quién se quedaba con la posibilidad de insertar 5, 6 ó 10 millones de pesos en el presupuesto.

Entonces, más allá de que seguramente habrá posturas interesantes con respecto a qué hacer con el sistema previsional, hay posibilidades ciertas de encontrar un mecanismo que permita oxigenar un presupuesto que hoy no tiene chances de dar respuesta a casi ningún sector de la Nación.

Aquí se ha hablado de la pesificación. En este sentido, cuando el Poder Ejecutivo utilice la facultad que se le otorga por el artículo 9° del proyecto en consideración, ya vamos a discutir si la pesificación será graciosa o gratuita para los grandes grupos económicos o si, como contrapartida, ellos también deberán aportar algún tributo adicional al que realiza el conjunto del cuerpo nacional.

En las últimas horas hemos escuchado del señor presidente de la Nación la decisión de aplicar retenciones a las exportaciones. Seguramente, no coincidiremos en la necesidad de aplicarlas a todos los sectores, porque hay algunos vinculados a las economías regionales que están muy castigados y no las soportarían, pero creemos que en una gran mayoría de los rubros exportables, dada la modificación notable de la paridad cambiaria, se puede aplicar una retención que signifique una contribución importante.

Escuchaba a un señor diputado decir en aquella Cámara que debíamos hacer pan con la harina de que disponíamos. Es cierto. Pero, lamentablemente, son pocos los que tienen la harina y el pan lo necesitamos para el conjunto del pueblo argentino.

Entonces, en ese sentido, también tendremos que darnos un debate con los sectores productivos y demostrarles que en la medida en que esos recursos, que ellos afirman que se les sustraen, vayan dirigidos a un formidable plan social, a la propia reactivación del aparato productivo, de sectores económicos totalmente paralizados y de la obra pública, seguramente quedarán muy pocos -los calificaría de necios- opositores a la posibilidad de contribuir a la superación de los problemas del conjunto de la sociedad argentina.

Hay que trabajar mucho para combatir la evasión y el contrabando.

Recuerdo que hace un año y medio aprobamos en el Parlamento la creación de tribunales penales tributarios. Todavía no los hemos puesto en marcha; ni siquiera han sido designados los magistrados. Sin embargo, la infraestructura de esos tribunales tampoco tiene previsión en este presupuesto.

Nosotros tenemos que terminar de una vez y para siempre no solamente con las formas de elusión -con proyectos, como el de bienes personales que se habló antes- sino también con la lisa y llana evasión, mediante los mecanismos que el Estado debe tener a su disposición para combatir este flagelo que agravia a la conciencia honesta de muchísimos argentinos que hoy tributan y que se encuentran con que otros -no me estoy refiriendo a los que no pueden pagar sino a los que sí están en condiciones y no quieren- evaden en forma descarada el cumplimiento de sus obligaciones fiscales.

Si tenemos todos estos recursos podremos lograr otras cosas, como evitar esto que es común en los argentinos, en nosotros, de conformarnos con artilugios, como el que le hemos dado a los gobernadores; un mal artilugio por cierto. Pero dicen que "la necesidad tiene cara de hereje". Entonces, dijimos a nuestros gobernadores que tienen la libre disponibilidad de las asignaciones específicas a las que hoy se hacía referencia -fue una de las cosas buenas que se dijeron; no hubo muchas-, que fueron logradas a través de muchos años de debate, que llegaban a las provincias y permitían que pudiéramos realmente avanzar en la integración de un país federal, una Nación en donde se desarrollara armónicamente en plenitud todas y cada una de sus regiones.

Hoy esto lo estamos desvirtuando, porque al sacar la asignación específica y permitir que esos fondos sean de libre disponibilidad, seguramente ese sueño que tenemos todos de ver a nuestra inmensa Nación cubierta de redes de energía y caminos -en definitiva, de progreso- va a sufrir una indudable postergación y retroceso. Hagámonos de recursos y tratemos de volver, entonces, a dar otro tipo de respuesta a nuestras provincias; que vuelvan a existir esos fondos específicos, como el del FONAVI, que dio respuesta a tantos argentinos que vivían en condiciones miserables.

Es cierto que debemos avanzar en una reforma del Estado. Tenemos muchas cosas por hacer. Ese es el gran compromiso que adquirimos y renovamos desde esta bancada. Seguramente que entonces no lo logramos nosotros como tampoco el justicialismo en su momento y que tendrá muchas dificultades para hacerlo ahora. Pero en la unión está la fuerza. En la convicción cabal de que este es el camino que debemos recorrer todos los argentinos estará también la posibilidad cierta no sólo de sentirnos hermanados en el esfuerzo sino hacedores de un futuro mejor para nuestro pueblo sin encerrarnos de vuelta en las chicanas, agravios y discusiones carentes de todo sentido.

Concluyo diciendo que vamos a votar este proyecto de presupuesto, pero también queremos que se lleve a cabo el impostergable programa de reactivación que nuestro pueblo nos reclama todos los días y en todas partes, que es la gran ilusión y esperanza del conjunto de los argentinos.

Nosotros proponemos algunos de esos recursos. Seguramente ustedes con inteligencia podrán formular modificaciones o incorporar otros y mejores recursos. Pero se trata de salir de este pantano en el que nos encontramos y en el que sufrimos todos. Queremos que esta recesión -que genera en el presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda la necesidad de decirnos en este recinto que vamos a tener una disminución el producto bruto interno- se cambie por un proceso de reactivación porque esto nos está hundiendo cada vez más. Si a este pantano de la recesión le sumamos inflación, que puede conducirnos en cualquier momento a una hiperinflación, se va a producir también una tormenta torrencial.

Tenemos una salida, señor presidente. Claro que la tenemos. Esta es una Nación magnífica. Tenemos todo lo que nos ha dado Dios, que es muchísimo, que es orgullo nuestro y la envidia de cualquier pueblo del mundo. Creemos en esta Argentina, creemos en una salida; creemos entonces que podemos también ayudar a nuestro presidente para que pueda hacer posible el crecimiento y que con nuestra colaboración sea el conductor en el camino de grandeza que nos merecemos. Apostamos a que la Nación encuentre ese destino que nuestro pueblo merece.

Sr. Presidente (Maqueda). - Gracias, señor senador. ¿Usted sigue manteniendo la moción de cuarto intermedio por quince minutos?

Sr. Presidente (López Arias). - Tiene la palabra el señor senador Maestro.

Sr. Maestro. - Señor presidente: no queremos entorpecer el debate ni mucho menos, toda vez que sabemos que cuando se hace un cuarto intermedio a veces cuesta formar nuevamente el número para recrear el debate. Por lo tanto, vamos a mantener una reunión de bloque de pocos minutos, lo cual no es óbice para que continúe el debate y para darle la palabra a un integrante de otra bancada. Durante el transcurso de esa exposición seguramente estaremos de vuelta en el recinto.

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