Hoy venimos a saldar una deuda de seis décadas que los radicales teníamos con nuestros correligionarios y con el país.
La última deliberación de estas características, la hicimos hace casi 60 años, en Avellaneda, en 1948, cuando nuestro partido actualizaba su doctrina con la presencia de grandes figuras históricas como Balbín, Frondizi, Lebensohn y Larralde.
Entre esa reunión y la presente, el país sufrió golpes de Estado y dictaduras militares; la reconstrucción de la democracia con Raúl Alfonsín; gobiernos al servicio de las transnacionalizacion de nuestra economía o condicionados y muchas veces agredidos por los peores intereses; el descrédito de las dirigencias políticas, y el empobrecimiento y la indigencia de millones de argentinos.
En lo internacional; el mundo bipolar desapareció. Se vivieron guerras atroces. Sobrevino la globalización y se está construyendo el mercado común latinoamericano. La tecnología de las comunicaciones transformó el planeta y modificó nuestras vidas, por sólo citar algunos acontecimientos.
Hoy abrimos la posibilidad de pensar en nuestra doctrina partidaria con nuevas ideas, teorías y enseñanzas acordes con nuestro tiempo, con incorporación de todas las experiencias políticas, sociales, económicas y culturales que nos han dejado estas seis décadas.
Desde este lugar, invito a los radicales a que reabramos el debate para escucharnos entre nosotros y aportar nuestras ideas y experiencias. No pretendemos que las conclusiones de esta reunión sean una concepción terminada y casi dogmática, sino el comienzo de una prolongada suma de reflexiones enfocadas desde los más distintos ángulos de la realidad y nuestro pensamiento.
Tenemos que evitar la tentación de encuadrar los lineamientos ideológicos solamente en especulaciones teóricas.
Un partido que aspira a gobernar al país con un programa democrático, popular y progresista, debe saber encontrar las coincidencias entre sectores sociales diferentes, pero que tienen intereses que se articulan en común para el crecimiento y la prosperidad social y económica.
Lo ideológico está presente en nuestra doctrina a partir de interpretar la realidad tal cual la vemos y adecuar nuestras acciones para transformarla en beneficio del pueblo.
Se concretan en un conjunto de valores y de ideas referidas a la acción política para modificar los comportamientos colectivos.
Debemos tener la capacidad democrática de la tolerancia, el equilibrio necesario para conciliar las metas que buscamos con distintos sectores de la sociedad, políticos y sociales, teniendo la habilidad indispensable para hacer un frente común al servicio de los cambios estructurales y del interés nacional.
Ser radical y ser progresista hoy, no es la suma de actitudes declarativas, de vanas discusiones seudoideológicas, sino la articulación de hechos posibles y concretos que nos lleven a un modelo productivo nacional con justicia distributiva que el Estado debe garantizar.
Los radicales sabemos que cuando hablamos de crecimiento no estamos señalando sólo las cifras macroeconómicas, sino la batalla es que ese crecimiento tenga rostro humano; que la justicia distributiva sea el mayor objetivo buscado cuando desarrollamos la economía.
Dentro del sistema capitalista en en el cual vivimos, los extremos quieren aparecer como las únicas opciones.
Están quienes directamente hablan de la eliminación del sistema capitalista por otro de economía colectivizada, en los hechos, una propuesta teórica sin bases políticas para realizarla.
Y están los que bajo consignas del neoliberalismo proponen y en casos han ejecutado desde el gobierno, políticas de fractura y exclusión que desvalorizan lo público en favor de los intereses privados y niegan al Estado toda intervenci²n reguladora.
No debemos aceptar estas falsas opciones. Los radicales debemos rechazar la posibilidad de que bajo el sistema capitalista sólo exista el camino marcado por el neoliberalismo, que pone únicamente en manos de la actividad privada los recursos naturales agotables, las decisiones sobre el medio ambiente, la diagramación de las vías de comunicación y transporte.
Tampoco debemos aceptar en manos de los grupos más concentrados de la economía, las decisiones estratégicas del crédito y del manejo de los recursos naturales.
Existe la posibilidad de articular los intereses de progreso económico del capitalismo privado nacional y relacionarlos con las necesidades del pueblo, reconociendo al empresario como un agente social al servicio del progreso.
Trabajo, desarrollo, equidad y derechos del trabajador son compatibles con el crecimiento de las empresas de nuestro país y a ello debemos propender.
El Estado debe constituirse en el regulador indispensable para conciliar lo efímero y cortoplacista , por políticas que aseguren la continuidad de una estrategia nacional de desarrollo, equilibrio, seguridad social, salud, educación y cultura.
También debemos luchar para que el Estado garantice el control público y la universalidad en el acceso a los planes sociales y a la seguridad social, cuyo manejo no puede mantenerse bajo el clientelismo y la manipulación política, como actualmente ocurre.
Hay que cambiar paternalismo estatal por universalidad en la seguridad social.
Debemos rechazar con toda energía que 16 millones de argentinos pobres, con 6 millones de indigentes, de los cuales 1.800.000 son niños menores de 14 años, sean rehenes del gobierno y sus manejos clientelistas.
La Unión Cívica Radical, por errores propios y por las circunstancias que hacen a la Argentina de hoy, está en el llano.
Pero no es sólo una consecuencia de resultados aritméticos de una elección, o nada más que el castigo por nuestros errores. A nuestros errores cometidos ya los conocemos y hemos sido por primera vez en la historia de la política argentina los que asumimos una autocrítica a fondo y pedimos públicamente perdón a la sociedad.
Tampoco nos olvidamos de los facciosos que aprovechándose de las debilidades del momento, pusieron en peligro la democracia.
Hay carencias de nuestro partido que se vienen profundizando desde hace muchos años.
Nosotros nacimos a la vida pública teniendo como bandera los valores y las ideas, como la libertad política, la igualdad social y la ética en todos los actos; y para reavivar la necesidad de un pensamiento nacional que defienda los bienes históricos culturales y materiales y proyectar el futuro.
Debemos ser también la fuerza federal, que comprenda a todos los pueblos de la Nación; aún hoy abandonados, interior argentino discriminado al que la UCR debe llevar la equidad en la distribución de la riqueza nacional, deuda histórica de la Argentina para con sus hijos más débiles.
Hay intereses en el país, muchas veces representados por fuerzas y movimientos políticos, que practican un crudo pragmatismo, en donde los fines están por encima de los medios para conseguirlos.
No es así para el radicalismo, y cuando lo olvidamos, tenemos que pagar muy caro esos errores y desviaciones.
Todos los que estamos aquí hemos sido testigos de que cuando el pragmatismo influenció nuestros actos, nos alejamos de nuestro deber político y de los valores y las ideas que justificaron nuestra presencia en la vida nacional.
Por urgencia del momento, algunas veces limitamos el debate enriquecedor y el liderazgo cívico fue reemplazado por la operación política.
Cuando imitamos el pragmatismo de otros, el pueblo nos sospechó de negociar acuerdos a espaldas de los afiliados y de la ciudadanía.
Allí comenzamos a desdibujar nuestra razón de ser como partido, abandonando el rol histórico de la UCR, dejando de ser para el pueblo el arma eficaz con la cual oponerse a los desbordes del poder, a la enajenación de nuestro patrimonio y a la violación de los valores y la ética.
Correligionarios, tenemos que aceptar que así nos vio el pueblo y que esa es una realidad política al margen de la veracidad de los hechos puntuales que se nos adjudicaron y de que hubiéramos sido o no responsables de los mismos.
Por lo tanto, una de las tareas imprescindibles para la recuperación de la UCR que nos hemos propuesto, es dar señales claras e indudables de que no aceptamos el rol de una oposición formal que renuncie a competir por el poder y se resigne a los dictados del partido dominante.
El achicamiento del radicalismo en la representación popular, descompensa el sistema político y lo hace entrar en una zona de riesgo, que hoy nos preocupa y nos obliga a cerrar filas para luchar contra la hegemonía.
Como Yrigoyen antes, como Alfonsín luego, podemos volver a decir que nuestro programa es el cumplimiento de la Constituci²n Argentina. Esta es nuestra tarea primera en la vida política.
Es la que desde siempre coloca a la UCR como un factor de equilibrio indispensable para la salud de la Nación, de su sistema político y de sus instituciones.
Tenemos que decir con toda nuestra fuerza que no formamos parte de la pretensión hegemónica del gobierno y de cualquier partido dominante, que estamos dispuestos a luchar en todos los frentes para defender nuestros valores y nuestras ideas en forma intransigente y que trabajamos para competir políticamente y lograr el poder.
Ustedes estarán de acuerdo conmigo que esto no se consigue si sólo lo decidimos en la intimidad del partido. Tampoco se consigue si tenemos actitudes contemplativas que confirmen las sospechas de la gente.
De nada valdrá que ejercitemos un discurso progresista si el pueblo no ve en nosotros actos decididos y concretos para afirmar que realmente queremos ser el partido que lidera la oposición y luchar para lograr el consenso ciudadano para conducir al país.
Ha llegado el momento de mostrar con hechos nuestra voluntad y nuestro rol. Es por eso que todos debemos subrayar nuestra posición opositora más que nunca, no permitiendo que se de lugar a la más mínima duda en ese sentido, o al aprovechamiento que de ella hacen el gobierno y otras fuerzas políticas.
Como en los tiempos fundacionales del radicalismo, nuestra acción deber ser enérgica y permanente.
El partido debe ejercitar unidad de estrategias, principalmente con los bloques parlamentarios, para mostrarnos ante la sociedad en el rol que debemos asumir.
No hay otro camino si queremos afirmar la presencia de la UCR en el país.
No me resigno a conducir las hilachas del radicalismo ni voy a asistir inerme a su desaparición paulatina como fuerza popular y alternativa del poder.
El partido y sus dirigentes no sólo deben hacer pronósticos y efectuar críticas al gobierno, que bien merecidas las tiene. Esto es una parte de su tareas.
el dirigente debe cambiar. debe hacer gestión aunque no seamos gobierno, porque el radicalismo y sus hombres forman parte de una sociedad dinámica, que se mueve no solamente en el plano oficial, sino en contacto permanente con los distintos grupos sociales que la componen.
Ninguno de nosotros ignoramos que desde hace años, el partido no tiene la capacidad operativa necesaria para encarar las tareas difíciles a las que estamos obligados por nuestra lealtad hacia el pueblo y la UCR.
Pero para esto, también debemos mirar hacia adentro, impulsando todos los cambios y las renovaciones de hombres y de métodos que el tiempo actual nos impone
Debemos seguir formulando planes, estudios de la situación general y particular de cada área pública y elaborar propuestas para perfeccionar su funcionamiento.
Esto nos obliga a ponernos en contacto con la gente, con las organizaciones populares, intercambiar ideas, sumarnos a esfuerzos y luchas a favor de justas reivindicaciones.
No nos quedemos sentados esperando que la gente nos entienda y se ofrezca a trabajar con nosotros. Somos nosotros los que tenemos que salir a la calle a entenderlos y a sumarnos a su trabajo.
Esto vale en primer lugar para nosotros. Pregunto a cada dirigente barrial, provincial o nacional con qué proporción de afiliados hemos tenido encuentros personales, para preguntar qué piensan, qué desean de nuestro partido y qué esperan de nuestro accionar.
Y para tratar de que cada uno dentro de sus posibilidades se sumen a tareas partidarias que van más allá de las internas, del internismo o de las elecciones, y que tienen que ver con las cosas que cotidianamente le interesan a los ciudadanos: la educación, el empleo, los servicios públicos, el cuidado del ambiente, la seguridad y otros temas.
Tenemos que hacer que el partido sea una entidad viva, activa y con la mayor participación de nuestros afiliados.
Debemos agudizar el ingenio para lograrlo con ideas no tradicionales que estén de acuerdo con sus características personales.
Pero ello no serviría si no nos respetamos entre nosotros, la libertad en todas sus expresiones, empezando por la libertad de disentir en el ejercicio de las corrientes internas, todas ellas importantes para nuestro partido.
La crisis radical comienza cuando el afiliado siente que ya no está ligado al partido, que no sabe que dice, piensa y hace la UCR frente a toda la problemática actual.
La crisis radical comienza cuando nuestros afiliados no sienten la pertenencia a nuestras filas. Tenemos que cambiar esta historia y los invito a trabajar en ese sentido.
La crisis de representatividad es común a todas las fuerzas políticas, pero nos afecta hoy más a nosotros porque muchas veces no supimos rendir culto al valor de la palabra empeñada y perdimos credibilidad en términos de la contradicción entre discurso y conducta.
Ustedes todos los días ven que la gente no ha bajado los brazos. Están más activos que nunca y se alinean junto a organizaciones improvisadas e irregulares, o con liderazgos cívicos que aparecen como consecuencia de la inseguridad, de la desocupación, de la discriminación y la marginalidad.
Estos hechos claramente vinculados a la acción política, pasan al costado de los partidos y dan pie a ser aprovechado por el gobierno y algunas ambiciones personales.
Por otro lado, organizaciones cívicas o dirigencias empresarias van ocupando el lugar de los partidos y tienen como meta suplantarlos, porque cuentan con una mejor organización, gerenciamiento y generosos fondos .
Esta visión de la realidad es la que nos debe preocupar y frente a esta realidad debemos responder con organización y volver a nuestras fuentes.
Porque la convocatoria hacia la modernidad del partido, debe abrevar primero en las fuentes que hacen al mismo origen de la Unión Cívica Radical como fuerza popular combatiente que junto al pueblo quiere cambiar este presente injusto y cargado de riesgos y amenazas.
Las distintas comisiones irán desarrollando en este Congreso y proponiendo temas puntuales a los cuales no me voy a referir para no abundar en áreas sobre las cuales hay grupos de trabajo.
Sólo concluiré estas palabras para insistir con la necesidad de la depuración de padrones, la redacción de un código ético que contemple la actividad de los afiliados, la renovación amplia de los cuerpos partidarios, la elección directa de autoridades, la renovación permanente de los cargos electivos, la incorporación de la mujer en forma más activa a la militancia y la adecuación de los organismos partidarios a las nuevas realidades de las relaciones internacionales, la comunicación política y la investigación.
Hoy tenemos ante nosotros un país desintegrado que vive un hondo drama social de su pueblo. Esto nos convoca a abrir el debate para articular una respuesta global que movilice las energías nacionales.
Hay que defender la democracia manchada de prebendas asistencialistas y de clientelas electorales, hay que luchar para que evitemos todos juntos los planes hegemónicos presidenciales que degradan las instituciones de la República.
Tenemos que recuperar la fuerza de los ideales, reafirmar los valores y convocar a la acción a todos los radicales y argentinos que deben ocupar un sitio en estas luchas.
Rescato para este momento la convocatoria que la UCR hacía en la voz de Raúl Alfonsín hace casi dos décadas en el Parque Norte, cuando se decía que ya no existe en el mundo la era de las convicciones absolutas, de los mesianismos y de los historicismos fáciles.
El futuro no está predeterminado ni es un papel vacío donde podemos diseñar en forma absoluta nuestra voluntad. Venimos de un pasado y a partir de él podemos poner cauces racionales al porvenir, sin renegar de nuestra herencia pero sin esclavizarnos a ella. Ella nos pone límites, pero desde esos límites no hay un sólo camino”.
Yo agrego. LOS RADICALES HOY debemos elegir el camino de la renovación, la credibilidad, la recupración del valor de la palabra empeñada, la solidaridad, el humanismo, la justicia social. La carencia de valores destruye la política. Pero para que los valores cumplan su función política deben ir má allá de los discursos, hace falta convertirlos en conductas concretas.
Saludo con un abrazo muy fuerte a todos los participantes de este Congreso Doctrinario de la UCR, para determinar con la participación de todos, cuál es la Argentina que queremos y cuál es el partido que necesitamos. Muchas gracias.
