24-01-1999 | General

ARGENTINA UN PROGRAMA PARA EL CAMBIO MUNICIPAL

Encuentro Nacional de Municipios

Mar del Plata, 24 de enero de 1999

Durante las últimas décadas, las sociedades latinoamericanas – y entre ellas la Argentina- han sufrido una serie de cambios profundos, originados en la influencia del proceso de globalización, en el cambio del modelo de acumulación, y en la forma del Estado y la descentralización, entre otros factores determinantes. Como resultado de ese proceso, se revela la creciente importancia de los gobiernos locales, hecho que ha incluido nuevas dimensiones en la agenda pública de nuestras sociedades.

En particular en la Argentina, la cuestión se ha visto revalorizada a partir de los últimos quince años. Las reformas de las que fueron objetos diversas constituciones provinciales, el proceso de reforma del Estado y de estabilización económica han influido en ello. Asimismo las consecuencias de un proceso de descentralización incompleto y experiencias poco claras, como la iniciativa del PEN de declarar a 1998 como el "Año de los Municipios", han colocado a los gobiernos locales en el centro de una escena hasta entonces monopolizada por la discusión de las realidades nacional, provincial o internacional.

Además de las funciones tradicionales, hoy el municipio esta llamado a cumplir nuevos roles que le demanda la sociedad. De este modo, temas como el desarrollo local, la autonomía municipal, la descentralización del Estado, la planificación urbana, la participación ciudadana y la desconcentración

municipal, entre otros, se han convertido en cuestiones comunes que exigen respuestas políticas en el marco de un proyecto global.

Por ello es que la Alianza a desarrollado una propuesta orientada a los municipios que contenga los elementos necesarios para que los mismos puedan hacerse cargo de las nuevas funciones que les son asignadas y cuyo cumplimiento eficaz y eficiente es reclamo social que debe ser adecuadamente atendido.

El proceso de globalización que se desarrolla a nivel mundial promueve un nuevo juego de articulaciones entre lo público y lo privado. El municipio, en tanto espacio estatal más próximo a la vida cotidiana de los ciudadanos, está llamado a cumplir un rol central en estas circunstancias. No se trata de reivindicar a los municipios desde una perspectiva meramente declamativa que intente ocultar la deserción del Estado nacional y los desajustes de los estados provinciales. Por el contrario, el desarrollo de una agenda municipal adecuada a los tiempos que corren, exige tener en cuenta las necesidades estratégicas, los reclamos de la ciudadanía y poseer una convicción profunda en las bondades del federalismo como sistema para la toma de decisiones políticas y la distribución de recursos.

Un proceso de descentralización requiere no sólo de la transferencia de funciones del nivel central a los niveles inferiores, sino también el traspaso de capacidades políticas, financieras, de capacitación y de control que permitan a las unidades descentralizadas ejercer sus responsabilidades sin depender de la buena voluntad eventual de los gobiernos nacionales y provinciales o gobernantes circunstanciales. Creemos, por tanto, que la descentralización es un camino idóneo para enfrentar problemas como el desarrollo, las desigualdades sociales o el desempleo. Pero no estamos dispuestos a aceptar como un cabal proceso de descentralización la actitud del gobierno nacional que ha consistido en "tirar hacia abajo la crisis" descentralizando competencias sin los recursos correspondientes, con el fin de presentar una imagen pulcra ante los organismos internacionales de crédito.

Se trata, entonces, de tener una visión moderna y operativa de la descentralización y de la autonomía; de analizar cada una de las políticas públicas y determinar a qué nivel del Estado corresponde su implementación. Esta distribución debe seguir el principio que afirma que, siempre que esto no afecte la eficacia y la eficiencia de las mismas, es deseable que dichas políticas

públicas se desarrollen desde el nivel local en la mayor parte posible de los aspectos que la componen. Sobre la base de este principio, se verían favorecidos la participación popular y el control directo de la gestión por parte de la ciudadanía. De esta manera, la gestión pública no sólo sería eficaz y eficiente, sino también profundamente democrática. El objetivo es imaginar un nuevo camino entre el centralismo autoritario y una teórica autonomía, entendida ésta como aislamiento. Se trata, entonces, de avanzar en la descentralización y la autonomía pero integrando, a la vez, las acciones de los distintos niveles del Estado que hoy funcionan como compartimentos estancos.


Esta transformación debe darse en tres dimensiones específicas que, más allá de su evidente y necesaria articulación, pueden ser planteadas de manera separada:

La organización político-institucional: Este aspecto presupone, por un lado la transformación de los gobiernos locales en espacios de gestión eficientes. Por otro, en comunas abiertas e innovadoras que admitan y fomenten la participación ciudadana en las instancias de decisión, planificación, ejecución y control de las políticas públicas que deban ser implementadas. La cercanía del municipio con las necesidades cotidianas de la gente lo convierte en el ámbito ideal para estas transformaciones y, abandonando las formalidades tradicionales, lo proyecta como el espacio esencial para el desarrollo de una nueva forma de hacer política.

El desarrollo local: Esta dimensión requiere un análisis profundo por parte de los municipios de las fortalezas y debilidades de la estructura productiva de la sociedad local, permitiendo superar las amenazas y advertir y aprovechar las oportunidades existentes. En este marco, el municipio debe ampliar su esfera de influencia y agregar a sus obligaciones tradicionales el diseño e implementación de estrategias de desarrollo que incluyan los aportes necesarios para el fomento de la competitividad del sector empresario local, dentro de un esquema que apunte a la sustentabilidad del desarrollo, la ampliación de oportunidades y la mejora de la calidad de vida de la población. La planificación estratégica, en tanto instancia abierta, flexible, participativa y democrática, es seguramente una herramienta idónea en ese sentido, y como tal viene siendo empleada por varias ciudades en nuestro país, del mismo modo que experiencias de presupuestos participativos.

La política social: Hacer referencia al aumento de las desigualdades, a la gravedad de la situación social por la que está atravesando nuestro país resulta, en el mejor de los casos, reiterativo. Sin embargo, es necesario también hacer frente a fenómenos como desempleo, marginalidad, pobreza, inseguridad, salud y educación en el nivel local. En este sentido, se observa el desarrollo de una nueva tendencia a la atención de la política social desde perspectivas focalizadas o gerenciales. Sobre esta base, es necesario que los recursos sociales sean redistribuidos de la nación a los municipios para que estos puedan desarrollar políticas sociales eficaces y relacionadas con las necesidades reales de los ciudadanos. La proximidad de los destinatarios de estas políticas con los funcionarios e instituciones encargados de implementarlas permitiría un mejor control sobre los recursos e impedirá su empleo como herramienta para el desarrollo de prácticas clientelares.

Sobre esta base, es que definimos los temas que forman parte de nuestro programa de acción. Las siguientes son 10 propuestas del Programa para el cambio en el ámbito de los municipios:


El desarrollo e implementación de un proceso de desconcentración administrativa, indispensable para la eficacia y eficiencia de la gestión pública.

La definición de una estrategia nacional de desarrollo municipal que implique la decisión política de reconocer a los municipios sus derechos a una autonomía integral y la transferencia de capacidades y competencias como producto de dicha visión estratégica, en lugar de una transición reactiva y desordenada que profundice la distancia entre los ciudadanos y el sistema político. En este marco, es deseable que la totalidad de los municipios argentinos avancen hacia el ejercicio del poder constituyente de tercer grado que, a través de la sanción de Cartas Orgánicas por y para cada uno de ellos, les permita actuar en la definición de sus propios horizontes y avanzar hacia sus propios objetivos, jerarquizando su papel desde lo normativo-institucional.

La definición de mecanismos de flexibilización de la gestión pública local que, evitando la lógica normativista y rutinaria que suele imperar en la función pública, permita afrontar adecuadamente las necesidades y demandas de la sociedad.

La ejecución de presupuestos por programas cuyo grado de apertura permita la participación y control de organizaciones de la sociedad civil, así como el avance de la territorialización del gasto público y la mediación del impacto y resultado de las políticas públicas.

El desarrollo de mecanismos y prácticas de participación ciudadana que apunten a superar la crisis de representación: Mediante nuevas instancias de articulación público-privado; mediante un proceso de educación del ciudadano en la valoración y ejercicio de sus derechos y obligaciones, fortaleciendo el desarrollo de la sociedad civil y democratizando las decisiones de gobierno. Y también mediante la reforma política, porque una de las maneras de comenzar a reducir la distancia entre el elector y el elegido, es propiciando en los centros urbanos de más de 80.000 habitantes, un sistema mixto de votación que incluya el voto por circunscripción para la elección a concejales. En este contexto, es esencial que las nuevas instancias de participación incluyan ámbitos donde los ciudadanos, de manera particular o colectiva, puedan tomar parte en las discusiones y decisiones relacionadas con cuestiones como salud, educación, trabajo o seguridad, cuyo nivel de deterioro en los tiempos que corren, nos obligan a replantear la mecánica de las decisiones públicas.

El desarrollo de políticas sociales ejecutadas o coordinadas desde el territorio que partiendo de las demandas y necesidades insatisfechas, tengan como condición ser participativas y focalizadas, incorporando planes básicos de salud y medicina preventiva, y de apoyo a la educación y cultura local.

La creación de instancias de capacitación y profesionalización para los encargados directos de la gestión pública local, como forma de brindar el soporte técnico necesario para la eficiencia en la implementación de políticas.

El municipio debe dejar de considerarse un mero ente administrativo para pasar a convertirse en un organismo político con el grado suficiente de autonomía para elaborar y ejecutar planes estratégicos que, aprovechando las fortalezas y oportunidades, sitúen ventajosamente a la ciudad en el entorno regional. Y esto presupone:

El desarrollo de políticas ambientales desde el nivel local y de fomento al turismo;

La implementación de la gestión local y regional de las políticas de promoción del desarrollo productivo industrial. Lo cual requiere de apoyo crediticio, de transferencia de recursos y estímulo tecnológicos para generar redes productivas locales; y

El apoyo a las actividades agropecuarias, tanto extensivas, de alto valor agregado, agroindustria y agricultura orgánica.

9. La implementación de políticas de comunicación, transparencia e información

ciudadana, creación de agendas de defensa consumidor, como base

indispensable para participación política, el desarrollo económico y el desarrollo

de políticas sociales desde el gobierno local.

10. La redefinición y revalorización del rol de los Concejos Deliberantes, para

convertirlos en verdaderos ámbitos de representación, control y generación

de políticas, en lugar de cuerpos pasivos que se limitan a apoyar u oponerse

a las iniciativas del ejecutivo municipal.

Es claro que esta agenda no es exhaustiva. Muchas cuestiones específicas se hallan incorporadas en los temas que acabamos de citar y muchas otras pueden y deben ser agregadas a la lista. No se trata de agotar las posibilidades y cerrar las discusiones. Pero sí estamos convencidos de que estos son pasos necesarios para el desarrollo de una nueva forma de gestión pública, cuyos efectos beneficiosos se harán sentir no sólo en el ámbito de las sociedades locales, sino también en el espacio más amplio e integral de la sociedad nacional.

En este sentido, este documento no pretende ser un fin sino un principio. Un comienzo de elaboración y debate que cuente como insumo principal de la creatividad de la gente. En realidad, el comienzo de un proceso de fortalecimiento de los gobiernos locales, como uno de los aspectos claves que componen el Programa para el cambio que la Alianza se propone ejecutar en el próximo gobierno

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