16-06-2005 | General
DISCURSO DEL DOCTOR ANGEL ROZAS
Lanzamiento de la Fundación Leandro N. Alem
Aula Magna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.
Hoy venimos a presentar desde la Unión Cívica Radical una nueva herramienta al servicio de la sociedad y del país.
Se trata de la FUNDACIÓN LEANDRO ALEM, que dependerá funcionalmente del Comité Nacional, pero tendrá su propia organización, finalidades y objetivos.
Con el concurso de distintas personalidades, entre ellos a quienes forman el Consejo Honorario; les agradecemos cálidamente los esfuerzos y el compromiso empeñado para constituir la FUNDACIÓN LEANDRO ALEM, que nace entre nosotros para sostener y expresar los principios y valores del radicalismo, para apoyar la formación de nuevos cuadros dirigentes y para trazar políticas de mediano y largo plazo que aspiren a servir al país en las condiciones propias de la tradición democrática.
Agradezco la presencia de todos ustedes y en especial al Doctor JULIO MARÍA SANGUINETTI, quien nos honra con su presencia y va a darnos un panorama de los partidos políticos, con la elocuencia que todos le reconocemos y admiramos.
Quiero dejarles algunas reflexiones en torno al fundador de nuestro partido, cuyo nombre lleva la Fundación que hoy presentamos, así como a la doctrina de la UCR y a los fines que inspiraron la iniciativa que hoy ponemos en marcha.
LEANDRO ALEM, el primer jefe de nuestro partido, fue una cabal expresión de la virtud cívica.
Se lo reconoció como el tribuno de la plebe. Sus concepciones políticas y su propia conducta explican el hecho de que el radicalismo no se defina como una ideología, sino como un ética nacida para condenar la inmoralidad en el manejo de la cosa pública: el fraude y la corrupción.
Nos enseñó que el radicalismo no debía ser un simple bando o facción, sino mucho más: “la comunidad política y civil de la República”.
Desde aquellos tiempos el radicalismo, aún en su diversidad, forma parte de la fisonomía moral de nuestro país.
Sin el radicalismo la Argentina resultaba inconcebible. Ese es el legado de ALEM que debemos custodiar, así como el mandato irrenunciable de ser “la causa de los desposeídos”.
Si es cierto que “hay hombres que nacen para el mundo que existe y otros para el que debiera existir”, nadie puede dudar a qué clase de hombres, perteneció Alem.
Con Alem el radicalismo nació resuelto a referir y deducir todo de la soberanía del pueblo, ya que la política del sufragio universal ha sido el título primero de nuestro programa y de nuestro partido.
Todos sabemos que la UCR le ha dado un alma a la República, no solamente gobiernos.
Más que nadie los radicales repudiamos todo dogma, nos preocupamos tanto de los métodos como de los ideales. Aunque al mismo tiempo el radicalismo debe también ser concreto, estar informado de los intereses de cada cual y ser apto para defenderlos.
Nuestro partido quiere organizar política y socialmente a la sociedad según las leyes de la razón. Tiene una moral y una filosofía.
Parte del hecho indiscutible de la conciencia y obtiene de allí la noción moral y social de la dignidad de la persona humana. Tiene una doctrina política que es la doctrina republicana.
Tiene una doctrina social basada en la asociación y en la solidaridad. No cree que el bien de la Nación pueda realizarse a través de la lucha de los individuos y de las clases.
Para los radicales igualitarismo no quiere decir que todos nos consideramos iguales, sino que todos deben tener igualdad de oportunidades para encarar su realización en la vida. Es decir, que nadie quede rezagado porque no tuvo la educación que merecía, que a nadie se lo trate con desdén porque carezca de bienes, que se reconozca un mínimo de dignidad a todos.
El radicalismo se define también como un permanente control del elector sobre el elegido y sobre la autoridad, entendiendo la democracia como un sistema de vigilancia, donde el buen diputado es el que hace trabajar al Ministro, el que hace restallar el látigo de la oposición gubernamental, en defensa de la República y de sus instituciones.
El radicalismo también propone un equilibrio entre el orden y la libertad, entre la resistencia y la obediencia.
La libertad no prospera sin el orden y el orden nada vale sin la libertad. La resistencia y la obediencia aparecen entonces como dos virtudes del ciudadano. Mediante la obediencia asegura el orden y mediante la resistencia asegura la libertad. Lo que destruye a la obediencia es anarquía y lo que destruye a la resistencia es tiranía.
También el radicalismo se nos presenta como un método, que es el de la ciencia inspirando la política. De tal modo la guerra, por ejemplo, resulta condenada por la lógica misma de la evolución humana.
La UCR es desde siempre el partido de la igualdad y la libertad, cuyo imperativo moral representa una conducta cívica basada en un firme compromiso con la verdad y la justicia.
En nuestro partido, todos somos responsables por todos y la Unión Cívica Radical lucha para conjugar la emancipación del ciudadano con el progreso social y el afianzamiento de las instituciones con la emancipación de la República.
Para ello debemos suscitar más participación, más debate y reflexión, más acción política y más democracia en el partido y en toda la sociedad.
Nuestro partido debe ser una herramienta para construir sin descanso la Nación y el Estado.
Es necesario comprender y crear conciencia en el país, que las instituciones importan y mucho para el desarrollo.
Por eso forma parte de nuestra doctrina política el reconocimiento del control que las minorías en la oposición deben ejercer sobre la legalidad y eficacia de los actos de gobierno, que contribuye a la estabilidad de las instituciones, garantiza el pluralismo y mejora la democracia.
La preservación de la democracia y su expansión no son hechos espontáneos. Son construcciones voluntarias, formuladas en proyectos y modeladas por liderazgos que provienen del apoyo popular.
Requieren partidos políticos que construyan opciones sustantivas, un Estado con poder para ejecutarlas y una sociedad capaz de participar patrióticamente en una construcción que exceda los reclamos sectoriales.
Si nos resignamos a una política que omite los problemas centrales de la sociedad y vacía de contenido las opciones ciudadanas, así como a un Estado sin poder, el mandato electoral se transforma en una expresión de voluntades sin consencuencias.
Una sociedad sin participación activa, tarde o temprano, lleva a una peligrosa autonomía del poder, que dejará sin representación política a las necesidades de los ciudadanos.
El debate sociológico y político contemporáneo nos habla de una creciente fragilidad de los lazos humanos.
El ámbito de lo público pierde solidez y el peso de la construcción de pautas para la vida en sociedad, así como la responsabilidad del fracaso, se hacen caer fatalmente sobre los hombros de los individuos.
Los embates de la globalización, las encrucijadas de la ética y la pérdida del sentimiento comunitario, hacen que la política ceda cada vez más terreno.
Este es el resultado de una peligrosa vulnerabilidad de las instituciones políticas propias del Estado – Nación, sin posibilidad de resistir muchas veces las presiones de los poderes globales, así como de un debilitamiento progresivo de la solidaridad, que ponen en riesgo la convivencia.
“La democracia es antes que nada y sobre todo un ideal” nos recuerda Giovanni Sartori, reconociendo que “sin una tendencia idealista una democracia no nace, y si nace, se debilita rápidamente. Más que cualquier otro regimen político, la democracia va contra la corriente, contra las leyes inerciales que gobiernan los grupos humanos. Las autocracias, las dictaduras son fáciles, nos caen encima solas; las democracias son difíciles, tienen que ser promovidas y creidas”.
Con períodos de expansión y retracción, de movilización o quietud, la historia nos muestra que allí donde no había libertad se peleó por ella, donde no había justicia se luchó por lograrla y donde no había progreso se buscó alcanzarlo.
Más allá de los retrocesos y letargos, el reconocimiento de la igualdad y la búsqueda de su realización social, en términos de libertad, justicia y progreso, constituyen un impulso histórico sustancialmente ligado a la idea de democracia.
Al decir de Robert Dahl “la democracia es una construcción permanente”
Los problemas del desarrollo de la democracia abarcan una densa amalgama en la que se conjugan los límites del Estado, con las exigencias del crecimiento económico y sus resultados casi siempre generadores de desigualdades;
Una cierta impotencia de la política para encarnar las aspiraciones de la ciudadanía, con las tensiones de una alta fragmentación social, y con poderes fácticos que evaden la legalidad, trafican influencias y permean las más altas instancias de decisión;
Todo ello, ante la evidencia de una globalización que acota el espacio propio de la democracia al escamotear del campo de la voluntad ciudadana la discusión de los temas centrales que atañen a su futuro.
Asistimos a una transformación de las relaciones entre Estado y sociedad que nos habla de una transformación de la política, según nos señala Manuel Antonio Garretón.
Este eminente sociólogo chileno que participó del Congreso Doctrinario de la UCR celebrado en octubre último, nos dice también que:
“En el nuevo escenario generado por las transformaciones sociales, estructurales y culturales de las últimas décadas tiende a desaparecer la centralidad exclusiva de la política como expresión de la acción colectiva.
“La tarea del futuro” a juicio de Garretón “es la reconstrucción del espacio institucional, la polis, en que la política vuelve a tener sentido como articulación entre actores sociales autónomos y fuertes y un Estado que recobra su papel de agente de desarrollo en un mundo que amenaza con destruir las comunidades nacionales. La opción es el fortalecimiento, autonomía y complementariedad entre el Estado, los partidos y los actores sociales autónomos, es decir, una nueva matriz socio política”.
Hoy más que nunca es necesario reconocer que sólo podemos esperar un futuro democrático consolidado en nuestro país, si las instituciones dan sustento a las demandas éticas más persistentes de la sociedad.
De la misma manera, sólo habrá estadistas democráticos si son capaces de asumir en las palabras y en los hechos las demandas propias de la democracia pluralista que se debe consolidar, a saber:
Primero: La plena vigencia de un sistema de partidos en competencia y
Segundo: El reconocimiento de la autoridad como factor de certidumbre esencial para la vida en sociedad.
Lo que se demanda hoy a las dirigencias políticas y sociales es que haya un correlación de las conductas con las decisiones. Se predican valores que no tienen luego correspondencia con los comportamientos. También se cuestiona la calidad de las decisiones que tomamos, poniendo el acento en la dimensión ética de la autoridad pública y de la política.
La realidad política exige apuntar hoy no ya a la acumulación del poder por el poder mismo, sino al objetivo de un Estado incluyente, un Estado social cuyo poder residirá en su transparencia y accesibilidad para todos.
Un Estado incluyente es el único instrumento para intentar regular justa y positivamente las relaciones sociales desiguales, para garantizar el equilibrio social y económico necesario. En definitiva, para lograr una convergencia entre Estado, economía y sociedad, que debemos recuperar en la Argentina.
Luego de la gran crisis de 1930, un biógrafo de Franklin Roosevelt señaló que el presidente de los Estados Unidos esperaba que el pueblo fuera educado por los hechos; pero que ello no ocurrió. El presidente Roosevelt comprendió entonces, que la gravedad de la crisis requería de un acto de interpretación política.
Creo que hoy también asistimos a la necesidad de un acto de interpretación política en la Argentina.
Nuestro país padeció por influencia de persistentes fuerzas y poderes fácticos globalizados, la apertura unilateral y abrupta de sus mercados por lo cual se desmantelaron complejos productivos que hoy requieren para su reconstrucción el liderazgo del Estado y la asociación estratégica nacional con el sector privado.
Las estrategias económicas pueden tanto consolidar, como, por el contrario, destruir la unidad social, política y económica que el Estado tiene a su cargo asegurar por mandato constitucional.
La crisis de 2001 puso en evidencia que hay deberes sociales del orden jurídico, que obligan a conferir una base económica a nuestras democracias.
El Estado ya no podrá respaldar situaciones de injusticia graves en el diseño de las reglas fundamentales de la política y de la economía, que sigan asegurando a algunos lo que indebidamente se le niega a otros.
La relación entre derecho, economía y pobreza exige garantizar derechos sociales. Exige también un nuevo contrato social, lo que significa establecer un nuevo paradigma de Estado y sociedad.
Recordemos que cuando Juan Bautista Alberdi delineó la constitución política de nuestro país no desatendió su constitución económica, que pensaba apropiada a la lógica interior de nuestras instituciones políticas.
En la Argentina, la falta de un pensamiento estratégico es la principal asignatura pendiente para no repetir los errores del pasado, frente a las oportunidades que abre la salida de la crisis.
Por ello, desde la Unión Cívica Radical creemos que la prioridad, hoy, es desarrollar propuestas para el futuro de la Argentina.
En realidad, si de urgencias se trata, creo que en la actualidad la UCR tiene que resolver una en el corto plazo, que consiste en recuperar la credibilidad de los dirigentes para reconciliar al radicalismo con la sociedad argentina.
Pero hay una segunda urgencia, que corresponde al mediano y largo plazo. Está vinculada a la formación de nuevos cuadros técnicos y políticos y al planeamiento para desarrollar lo que denominamos un nuevo paradigma de Estado y sociedad, un nuevo contrato social y una revolución educativa, que necesita la Argentina para recuperar, entre otros fundamentos, el sentido ético del hombre y de la historia, que están en la raíz de nuestra acción política.
Esta agenda política será enriquecida con el aporte y el trabajo de la Fundación Leandro Alem.
La Argentina debe formular y llevar a cabo una estrategia de desarrollo sustentable y la UCR quiere contribuir a la discusión sobre el rumbo del país aportando propuestas en todas las áreas de políticas públicas, con ánimo constructivo.
Sabemos que la falta de una estrategia de desarrollo, la desarticulación territorial y la desintegración social, son problemas complejos cuya resolución sólo puede ser iniciada por el Estado.
Pero debemos encararlos como una prioridad que supera las visiones de corto plazo, porque forman parte ineludible de la política democrática, que debe debatirse en el Congreso de la Nación, si estamos dispuestos a no resignar la división de poderes y a no condenar a otra generación de argentinos a vivir en una Nación desintegrada.
El país necesita un mejor gobierno y ello exige una mejor oposición.
La garantía para revertir la decadencia hoy en la Argentina debe ser consolidar las instituciones y los partidos políticos como un factor de equilibrio en la Nación.
Y esto lo podemos lograr si desde la UCR nos mantenemos fieles e intransigentes a nuestras ideas, desechando los pragmatismos que hoy seducen a quienes alientan un radicalismo que disimule sus principios y sus orígenes populares y democráticos, y no aceptan desempeñar el rol de oposición política que nos asignó el pueblo.
Debememos avanzar con firmeza en la renovación de nuestra vida partidaria. Este imperativo no es nuevo para el radicalismo. Desde hace más de cien años, nuestra causa es la de la renovación constante de la vida republicana. Luchamos por las libertades básicas, la igualdad y la dignidad del hombre. Creemos en una sociedad sin exclusiones, en un futuro para todos y en una Argentina más justa y participativa.
Aspiramos, en consecuencia, a devolver al radicalismo su papel fundamental en la afirmación y consolidación de una democracia sin hegemonías.
En este contexto, la Fundación Leandro Alem que hoy ponemos en marcha, responde no sólo a la necesidad de recuperar la mística propia de nuestro rol histórico, sino de abrir el debate a la sociedad para articular nuevas respuestas que movilicen las energías nacionales.
En el camino del resurgimiento y de la reconstrucción del radicalismo quisiera destacar dos hechos trascendentes:
El Congreso de Actualización Doctrinaria realizado en octubre del año pasado, luego de casi 60 años del Congreso de Avellaneda de 1948, cuando nuestro partido actualizaba su doctrina con la presencia de figuras históricas como Balbín, Illia, Frondizi, Lebensohn y Larralde.
Y hoy que estamos a pocos días de cumplir 114 años del nacimiento de la Unión Cívica Radical ponemos en marcha la primera fundación institucional del partido.
Ambos hechos intentan saldar una deuda de muchos años con la realidad partidaria, pero fundamentalmente con el futuro de nuestros jóvenes.
Para ello, con este nuevo emprendimiento queremos ampliar la presencia de la Unión Cívica Radical en la solución de los problemas argentinos.
A la vez reafirmamos nuestra identidad de fuerza democrática, popular y progresista, convocando a sumarse a todos los radicales y argentinos que quieran ocupar un lugar en esta lucha.
Muchas Gracias
Etiquetas: Campo | Constitución | Debate | Democracia | Diputados | Economía | Educación | Igualdad | Justicia | Libertad | Pobreza | Presidente | República | Trabajo
Nota(s) Relacionada(s):





