31-08-2001 | General
QUISIMOS CREER, QUEREMOS CAMBIAR
Documento de la Juventud Radical presntado en el plenario de delegados al Comité Nacional de la UCR.
Durante diez años los jóvenes radicales combatimos contra la coalición populista conservadora mas feroz, corrupta y poderosa del siglo XX. Ciertamente no fuimos los únicos, ni tal vez los mejores, pero estamos seguros de la opción que elegimos. Estuvimos en contra del menemismo desde el primer minuto. En ese momento, muchos de nosotros éramos recién adolescentes y Bunge y Born (con Roig y Rapanelli) y Cavallo se apoderaban del Estado, débil y vulnerado por el Golpe de Estado Económico inflingido meses antes contra el Presidente Alfonsín. El programa conservador estaba en marcha, y con él, la maquinaria clientelar - populista del menemismo, ahora enriquecida por los sucesivos casos de corrupción.
Se sancionó la ley de convertibilidad, y los jóvenes radicales organizamos seminarios para comprender las consecuencias de este corsé autoimpuesto. Muy temprano pudimos saber lo que pasaría y pasó: extrema vulnerabilidad externa, destrucción del aparato productivo, altas tasas de desempleo abierto, creciente polarización social, brutal concentración económica, condena de muerte a las economías regionales y por otro lado, una ficticia estabilidad que acumuló inflación como para deteriorar los ingresos en más del 30%; acceso irrestricto a toneladas de baratijas importadas, un sistema financiero que esclavizó a la clase media a través de los oscuros sistemas de tarjetas de crédito y compra en cuotas. Y más pobreza, más exclusión social, más marginación.
También entregaron nuestro futuro y el presente de nuestros abuelos a los principales grupos concentrados de la economía a través de la privatización del sistema jubilatorio y la reducción de los aportes patronales. Esa verdadera estafa que derivó en el negocio redondo de las AFJP, que cobran altísimas comisiones y le prestan nuestro dinero al estado nacional a tasas usurarias, sin garantías de que al cabo de nuestra vida podamos esperar una jubilación digna.
Podríamos seguir con los ejemplos. No obstante queremos decir que estamos seguros de haber elegido bien el lado en el que nos alineamos en la batalla. Desde el primer momento supimos adonde terminaría esto.
Los jóvenes radicales fuimos los primeros en aceptar las ideas de generar una vasta coalición progresista que pudiera contrapesar los embates menemistas. Nuestros dirigentes mayores lo esbozaban en sus discursos, sin embargo, el menemismo seguía mas fuerte que nunca y la coalición progresista no aparecía en el horizonte como alternativa de poder. Cuando finalmente se estructuró la ALIANZA, los jóvenes fuimos los primeros en hacerla realidad y convencernos de su potencia, de sus beneficios y de su importancia. No especulamos ni bastardeamos la idea. Tampoco la aceptamos solo como una estrategia electoral. Creímos, como aún creemos en la idea, el concepto y su construcción.
Así pudimos ganar las elecciones del `97 y del ´99 pero fundamentalmente quebrar el espinazo de la coalición conservadora populista denominada menemismo. Hicimos mucho esfuerzo, pusimos en juego todo lo que teníamos para dar. De ésto queremos destacar quizá la de mayor valor, nuestra ILUSIÓN. Estuvimos convencidos de que la ALIANZA tenía la oportunidad de crear un nuevo país. Sabíamos de su relativo poder institucional, conocíamos las limitaciones, las consecuencias del vaciamiento estatal, el efecto de la concentración económica. Pero sentíamos y sentimos que marcando un rumbo diferente era y es posible vencer esos obstáculos. Nadie podría acusarnos de no haber puesto toda nuestra energía en acompañar a este gobierno, ni en salir en defensa del Presidente ante el menor embate contra su figura, ni ante el menor ataque de los representantes del régimen corrupto y concentrador, que buscaba reinstalarse a partir de una clara actitud desestabilizadora.
Es esa conducta responsable y solidaria la que nos permite decir con dolor que no esperábamos terminar así. No esperábamos sentir la angustia y la bronca que nos embarga al sentir el autismo, la vanidad y la negación de un proyecto de país.
El gobierno se ha vuelto flaco y obstinado en la repetición de poses y programas propios de la coalición menemista. La repetición de recetas tan conocidas como rechazables solo pueden traer como consecuencia más pobreza, más desempleo, más recesión, más entrega a los intereses de los capitales concentrados y de los especuladores; arancel en la universidad, deterioro de la salud, deterioro de la educación básica, olvido de la situación de las provincias mas castigadas, nuevos embates contra los que menos tienen como los jubilados.
Los responsables son conocidos. En la crisis de mayo, cuando asumía Cavallo, la Juventud Radical advirtió sobre el enorme riesgo que esto ocasionaría. Era como dejar al zorro a cuidar el gallinero. Tristemente, como en las épocas del menemismo, la historia nos da la razón. Lo más triste es que no se dan cuenta que ya no quedan gallinas. Como ejemplo liminar y patético de la situación se vuelven a juntar. El partido del señor Cavallo, se presenta en alianza con el menemismo en más de un lugar. Basta mencionar la candidatura de Liendo con Scioli y el ejemplo de Formosa, provincia en la que van juntos con el menemista Insfrán.
La Alianza llego para gobernar con otro sentido y en busca de otro país. Asistimos impávidos al otorgamiento de instrumentos a los responsables del vaciamiento estatal y del empobrecimiento de la Argentina. Avanzan sobre lo poco que nos queda y lo que es peor, son los mismos personajes del saqueo anterior. Nos resistimos a esta apología de la esquizofrenia que no compramos ni creemos.
Notamos un profundo desprecio por la UCR, su historia, sus hombres, sus principios, ideología. Creemos que no se han hecho los esfuerzos suficientes para que la UCR se sienta parte de esta situación de crisis. No alcanza con decirse radical. Hay que serlo. Sin embargo las opciones políticas y de gobierno que se han venido tomando indican el camino contrario. Los momentos de crisis, deben generar la posibilidad de encontrar ideas entre nuestros principios, jamás en contra de ellos. El radicalismo ha sido históricamente un partido político popular que lucho siempre por los que menos tienen y en contra de los privilegios, del poder concentrado, de los conservadores. Nos avergüenza observar a un presidente radical, aplaudido en la Rural, citando a Mitre, a Avellaneda y hasta a Roca. Cuando se renuncia a la identidad, se cae en un relativismo que ineludiblemente deriva en el abandono de los principios.
Estamos frente al fin de una época, frente a los últimos estertores de un modelo agotado. Crisis como éstas requieren ideas nuevas y renovadoras, políticas creativas y novedosas. Pero éstas solo surgirán apoyadas en principios y valores inmutables. Los problemas centrales del país deben discutirse para lograr consensos amplios en un sentido progresista y nacional. esta crisis que definimos como orgánica, no puede valerse ya de respuestas que constituyen meros parches a la situación. El problema no es ya meramente económico. El orden de la crisis es tal, que obliga a reconsiderar el modelo en su totalidad. Es un momento verdaderamente refundacional, de plena construcción democrática y, en ese sentido, un escenario de oportunidades para construir el gran objetivo nacional.
Somos militantes jóvenes de un partido viejo que se encuentra ante una crisis que amenaza su subsistencia. Exigimos que nos tengan en cuenta porque padeceremos como nadie las consecuencias de entregarnos al razonamiento conservador y reaccionario de quienes siempre fueron nuestro enemigo. Sentimos que enfrentamos el mismo régimen de siempre y vamos a defender la misma causa por la que nacimos. Solo así se salvara al país, solo así se recuperará la política, solo así seremos dignos para con nuestro futuro.
Juventud Radical
Agosto de 2001
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