15-06-2001 | Historia de la UCR

4- LA UCR EN EL GOBIERNO

"Un presidente del antiguo régimen, Carlos Pellegrini, gustaba decir:
"En nuestro país no se gobierna, se manda". Yrigoyen intenta gobernar por primera vez, aunque sea con muchas imperfecciones. La oligarquía por interés y los militares por reflejo profesional no le perdonarán esa actitud."

Alain Rouquie


Una vez ganadas las elecciones, el rol de la UCR no podía seguir siendo el mismo. La llegada al gobierno había significado el triunfo de la causa por la reparación nacional, el respeto a la constitución y a la libertad del sufragio. Estos objetivos, amplísimos, habían unido un heterogéneo grupo de seguidores, pero también relegaron a un segundo lugar las posiciones que el radicalismo debería adoptar frente a la realidad económica, social, a la política exterior etc.


"Así, el radicalismo aparecía ante el electorado como una gran incógnita, y el voto que lo llevó al triunfo en 1916 fue, más que todo, una expresión de confianza del país en una fuerza que aparecía como algo limpio, nuevo y renovador, con un hombre a su cabeza que había hecho una profesión de vida del desinterés personal y el principismo político." (Revista Todo es Historia no 289 pp 15)


En efecto, el radicalismo seguía manteniendo ese carácter movimentista que lo había signado desde sus orígenes y esta supuesta indefinición representaba un hecho natural para el grado de desarrollo del sistema político en general y del radicalismo en particular. A partir de su acceso al gobierno el radicalismo comienza a definirse, y ésta definición si bien tiene fundamentos teóricos (sobre los que volveremos pronto) se da fundamentalmente en la practica política cotidiana. Día a día hay que tomar decisiones, estas siempre encuentran quiénes se benefician y quiénes se perjudican, por lo que ese heterogéneo conglomerado que llegó al gobierno, pronto irá tomando formas cada vez más definidas.

El radicalismo como tradición partidaria se terminará de conformar a mediados de la década del 30, pero la impronta yrigoyenista será decisiva a la hora de comprender el pensamiento y la acción radical.


Muchos autores actuales (Por ejemplo David Rock) critican esta indefinición por parte del radicalismo, basándose anacrónicamente en lo que se requiere actualmente a un partido político, sin tener en cuenta el contexto histórico en el que se desenvolvieron los hechos.


La continuidad de las bases económicas que sustentaban al régimen es otra de las impugnaciones recibidas, basándose en concepciones economicistas que tienden a oscurecer cualquier otro motor del cambio, se habla de la falta de una reforma agraria, de cambios en la estructura económica agro-ganadera etc. como únicos índices validos de cambio. El error consiste en tratar de insertar el caso argentino en categorías de análisis, validas sin duda, pero que no tienen en cuando el desarrollo especifico de la región en todos sus aspectos, social, político, económico, cultural etc.


Félix Luna describe esta situación con lucidez: "No fue, por cierto, un gobierno revolucionario. No modificó el régimen de tenencia de la tierra, ni atacó las bases económicas de la oligarquía, ni produjo cambios en la estructura económica o en la relación con los países centrales. Pero es obvio que ni el radicalismo estaba animado por una concepción revolucionaria ni el país necesitaba en ese momento un cambio total en el esquema que venía funcionando pasablemente bien desde 1880. (...) En cambio la presencia radical en el poder aparejó una mayor democratización de la sociedad argentina. Hijos de inmigrantes participaban en los cuerpos representativos o desempeñaban cargos importantes en la administración pública, acentuando el igualitarismo en la vida nacional. Una intensa vida política se desarrollaba a lo largo del país (...) Crecía la sensación de que existía en las alturas del poder una mayor preocupación por la suerte de la gente común. En algunas provincias de características especialmente feudales, el radicalismo operó en un sentido de apoyo decidido por los humildes, desatando la ira de las clases poseedoras..." (Revista Todo es Historia no 289 pp 16)


Y es este cambio cultural, el acceso de nuevos sectores a la educación, a la administración pública, en definitiva a la vida política, la que no perdonan los conservadores desplazados del gobierno. Así lo describe Alain Rouquie (pp138) "Horrorizado los conservadores denunciaron la intrusión de la plebe, de los "bárbaros", en la vida política argentina."

Esta nueva forma de gobernar se observa en las relaciones internacionales del gobierno radical, en la reforma universitaria, en los intentos de nacionalización del petróleo, en el papel de arbitro del estado, que deja de ser el instrumento de la clase poseedora para intentar mediar en base a las relaciones de fuerza existentes. Causa estupor en las familias patricias que Yrigoyen laude a favor de los obreros o aun peor, que los reciba en la casa de gobierno, como en 1917 durante el conflicto ferroviario.

Etiquetas: Constitución | Libertad | Presidente

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