28-03-2010 | La UCR en los Medios
LA PIEDRA EN EL ZAPATO DE COBOS
Fuente: Diario Uno
http://www.diariouno.com.ar
Hay coincidencias en que es uno de los pocos senadores nacionales que no tiene ínfulas de pavo real. La revista Noticias lo ejemplificó así: “No se compra trajes de marca; se sigue vistiendo en San Rafael, su ciudad natal”.
Sin embargo, este político mendocino, que nunca tuvo un protagonismo marcado en Mendoza, ha mudado –desde que está en el Congreso Nacional– en un respetado legislador de quien hasta Cristina Kirchner ha reconocido que es un opositor serio.
Revise usted, lector, el párrafo anterior y verá que hay un adjetivo (“respetado”) que no suele ser ir unido a la palabra “legislador”.
Has recorrido
Aquí fue senador provincial (de 1993 a 1999) y luego, intendente de San Rafael. En el 2003 llegó a ser precandidato a gobernador por la UCR, pero no peleó la interna porque Roberto Iglesias la desactivó al bendecir a Julio Cobos como postulante a mandatario provincial.
Fue entonces que a Sanz le ofrecieron el primer lugar para senador nacional, cargo que ganó y renovó en el 2007.
En un ámbito de figurones, de ambiciosos y de varios irredentos mediocres como es el Congreso, no es poca cosa que Sanz se haya ganado su fama a base de recordadas intervenciones en las sesiones más calientes del Senado, por no escaparle al trabajo legislativo diario y por cumplir con el rol de opositor riguroso, pero previsible.
Natura y Salamanca
Sanz no es un hombre naturalmente brillante (no es Kennedy o Clinton) y ni siquiera un seductor político (como Menem), pero es una hormiga previsora. Y suplanta cierta falta de brillos rutilantes con la capacidad de trabajo. La vieja mezcla de transpiración e inspiración.
Además, es evidente que entre aquel senador provincial de los ’90 y este senador nacional del siglo XXI hay un Sanz muy paciente que se ha sabido burilar, que ha leído mucho, que se mueve como pez en el agua entre las poltronas senatoriales, que no ha cometido ninguno de esos escándalos o corruptelas a los que son adeptos muchos de los provincianos que se dejan encandilar por el neón capitalino, y que ha sabido mantener ese buen espíritu de tierra adentro que muchos esconden de tanto ir a cenar a Puerto Madero o de recorrer la avenida Alvear.
Hoy, además de senador es el presidente nacional de la UCR, lo cual ha acrecentado una proyección nacional que se expande mucho más allá del circuito radical.
Todo ello ha sido favorecido por su creciente aparición en diarios, radios y, sobre todo, en la TV donde cada vez se maneja con más solvencia.
Tierra minada
Con notable sigilo, Sanz se está deslizando en las últimas semanas hacia un terreno minado: quiere ser el hombre que los radicales llamen a gritos en caso de que se pinche la –hasta hace poco– meteórica carrera de Julio Cobos.
Cobos sigue siendo el político con mejor imagen, aunque ya no con los niveles de la etapa posterior a “mi voto no es positivo” de la 125. Sanz todavía no es ni medido en esos sondeos nacionales donde aparecen los presidenciables.
Eyectado
Esta semana se armó un revuelo cuando el diario La Nación aseguró que Sanz comenzaba a formar parte de los candidateables a presidente para el 2011. Sanz minimizó esa posibilidad, pero no la negó.
No es ni será fácil enmendarle la plana a Cobos. La razón es sencilla: Cleto nunca es exactamente lo que parece. Es que el vicepresidente (“¡con esa carita!”, como dice el sanjuanino Gioja) es un mago para sorprender.
Mi lucha
Cleto se hizo conocido como ministro de Obras de Iglesias. Cuando vio que estaba bien conceptuado en la opinión pública, se fue a su casa como diciendo que la política no era para él. Mentira. Allá lo fueron a buscar para que hiciera de delfín de Roberto Iglesias.
El Mula creyó que lo iba a poder digitar. ¡Ja!. A los pocos meses de estar en el Sillón de San Martín, Cobos rompió con el iglesismo diciendo que ya nadie se acordaba del anterior gobernador.
Se dejó tentar por el presidente Kirchner y su canto de sirena concertadora. Compró la idea de que se venía la época de lo transversal y que los partidos tradicionales tendían a desaparecer.
Creó entonces el radicalismo K, armó una estructura nacional de radicales desencantados tras el fracaso de la Alianza y se entregó en cuerpo y alma al matrimonio presidencial.
Soportó todas las trapisondas posibles que le hicieron Néstor y Cristina, sobre todo, ésta última que lo ninguneó sin asco en toda la campaña que impuso la fórmula Cristina-Cobos.
Supo rápidamente que esa sociedad no iba a funcionar. Pero él ya estaba instalado en la cúspide del poder. O casi. Y esperó con paciencia. La crisis del campo le dio la oportunidad. Y llegó la eclosión de su popularidad. La clase media encontró el referente que había perdido con los Kirchner.
El elegido, el obrero
El sanrafaelino Sanz ya lo tiene bien junado al Cleto. Sabe que este circunstancial bajón de Cobos puede cambiar de lleno mañana, cuando al Julio César se le ocurra alguna voltereta inesperada o cuando la suerte, que es dadivosa con el vice, le arrime algunos de esos puentes de plata a través de los cuales huye para adelante.
Sanz sabe que él no tiene esas habilidades de Cobos. Tiene otras. Cobos es como un elegido. Sanz, un obrero.
Sanz entiende que Cleto ya no es monolítico. Y esa es la pequeña hendija por donde ha empezado a colarse su figura.
Ya es uno de esos personajes de consulta para todos los periodistas de las radios y canales de Buenos Aires. Lo llama Chiche, lo llama Tenembaum, lo llama Morales Solá, el Negro González Oro, Leuco,
El minimiza. Y sugiere cosas. Dice que tal vez. Que hay que esperar. Sabe que la política es un juego de fintas, de simulaciones. De adelantarse con todo cuando cuadra y de guardarse cuando la intemperie es adversa.
Él no tiene el lastre de haber apoyado al kirchnerismo. Nunca se fue del radicalismo. No ha quedado pegado a la debacle de De la Rúa.
No tiene ni la habilidad maketinera –ni la plata– de Mauricio Macri. No tiene el infernal aparato estatal, como Cristina. No tiene tampoco la simpatía de Cobos, esa que le hace conectar de inmediato con las señoras de barrio, con las abuelas o con esa especie de punto G que, a nivel político, tiene la clase media. Ese que la hace saltar de pasión ante “el que viene” a poner ciertas cosas en su lugar.
No posee tampoco la habilidad para la polémica de Lilita Carrió. Pero tampoco es aburrido. Ha aprendido a gambetear.
Cobos y Sanz. Ellos son dos tipos de mendocinidad de la que seguramente saldrá el presidenciable de los radicales en 2011.
Saquen entradas.
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