07-01-2010 | La UCR en los Medios

LA UCR PROMETE APOYO EN EL CONGRESO

Fuente: Crítica de la Argentina

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Pocos minutos después de que el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, calificara de “poco seria” la actitud del presidente del Banco Central de la República Argentina, Martín Redrado, de no renunciar a su cargo porque entendía que en varias ocasiones había dicho que su puesto estaba a disposición de la Presidenta, el titular de la máxima autoridad monetaria se comunicó telefónicamente con el senador radical Gerardo Morales. Le confirmó que continuaba en pie la audiencia que le había solicitado el día anterior y le adelantó que “no pensaba renunciar”.

A las 12, cuando el titular de la UCR, Ernesto Sanz, y Morales ingresaron a las oficinas que Redrado tiene en el primer piso de la entidad, se encontraron con un funcionario distendido, sin saco y con corbata, que atendía los asuntos cotidianos. El encuentro no duró más de media hora y fue dominado por un clima de formalidad. Sanz le explicó que cuestionaban el Fondo del Bicentenario porque “las reservas que se encuentran en el Banco Central son de todos los argentinos” y también se explayó por las razones que llevan a pedirle públicamente que “cumpla con sus funciones”. El jujeño, que desde el recambio legislativo preside la banca radical en la Cámara alta, explicó la medida cautelar que momentos antes habían realizado ante la Justicia.

Flanqueado por un cuadro de Clorindo Testa y una histórica balanza con sus correspondientes pesas de oro, con las que el BCRA pesaba el valioso metal acumulado en su bóveda en los tiempos en los que la Argentina ocupaba un lugar destacado entre las economías del planeta, Redrado confió a los senadores radicales: “Aunque sea gateando, continuaré en el cargo hasta el 23 septiembre”. Fecha en la que vence su mandato.

Los radicales trataron de no mostrarse muy expansivos, pero los dichos del funcionario les dio alguna tranquilidad.

En el mismo momento en que el gobierno aseguraba que Redrado había renunciado, los radicales se preocuparon en destacar que el funcionario les había adelantado que no lo había hecho y que no pensaba hacerlo. Tampoco se amilanaron cuando el oficialista Miguel Ángel Pichetto amenazó con iniciar el proceso de remoción del presidente del BCRA y calificó como “una chiquilinada” al encuentro que mantuvo con Sanz y con Morales.

En rigor, el proceso de destitución lleva sus tiempos. Antes de tomar esa decisión, Cristina Fernández de Kirchner tendría que contar con el dictamen de una comisión parlamentaria bicameral que se tiene que pronunciar sobre el “mal desempeño” del funcionario. Esa comisión tiene que ser presidida y convocada por el presidente del Senado, Julio Cobos. La integran los titulares de las comisiones de Presupuesto y de Finanzas de Diputados, cargos que aún no están cubiertos y que ocuparían el kirchnerista Gustavo Marconato y el diputado de la Coalición Cívica Alfonso Prat Gay. También forman parte de ella los senadores que presidan las comisiones de Presupuesto y la de Economía de la Cámara alta.

De todas formas, la decisión final de la Presidenta no está atada al dictamen o a los dictámenes que emita esa comisión. Antes de conformar esa Bicameral, el Senado tendrá que elegir sus autoridades y definir la composición de las comisiones. Algo que en principio está previsto para mediados de febrero y que difícilmente puedan acelerar ahora las necesidades del Poder Ejecutivo.

Piden en los tribunales que no se toquen las reservas

La UCR presentó ayer ante la Justicia una medida cautelar para que se “suspenda en forma inmediata” el uso de reservas del Banco Central, que el Gobierno quiere destinar al fondo creado para avalar el pago de la deuda, hasta tanto se exprese el Congreso Nacional.

La presentación, que recayó en el juzgado en lo Contencioso Administrativo Federal a cargo de María José Sarmiento, fue redactada por el diputado Ricardo Gil Lavedra y refrendada por los senadores nacionales Ernesto Sanz –presidente de la UCR–, Gerardo Morales –titular del bloque radical del Senado–, y Oscar Aguad –jefe de los radicales de la Cámara Baja.

La dirigencia de PRO también se había presentado ante los tribunales para frenar la medida. A la vez, el 28 de diciembre pasado, la provincia de San Luis fue a la Corte Suprema para pedir la impugnación del decreto que firmó la presidenta Cristina Fernández para crear el fondo.

Dos días después, la Corte Suprema pidió al Gobierno que explique los fundamentos para el pago de deuda con reservas.

OPINIÓN

El engaño de la independencia del Central
Claudio Zlotnik

¿Es correcto que el Banco Central sea independiente del poder político, tal como declaman los principales partidos de la oposición y las propias autoridades del organismo? La respuesta es no. ¿Acaso tuvieron “independencia” las medidas adoptadas en los Estados Unidos por Ben Bernanke cuando tuvo que afrontar la peor crisis económica de las últimas décadas? Seguro que no.

La nacionalización de los principales bancos estadounidenses y la emisión récord de billetes verdes para hacer frente al terremoto contaron con la venia, cuando no con la orden, de la Casa Blanca. Si fuera por la Reserva Federal, la banca central de Estados Unidos, es muy probable que Wall Street tuviera mucha más injerencia sobre las decisiones que se toman en Washington. La historia de la última crisis deja evidencia al respecto: el antecesor de Bernanke en el cargo, Alan Greenspan, cultivó el desparramo. Fue fiel a los mandatos de los ejecutivos de la Gran Manzana, miró para otro lado cuando los banqueros colocaban bonos basura entre sus clientes, y la crisis terminó estallando poco tiempo después de jubilarse.

En la Argentina, la historia no es muy diferente. Si se atiende a lo ocurrido en el pasado, los reclamos de independencia del Banco Central escondieron la intención de que el sistema financiero funcionara totalmente ajeno a la realidad del país.

En los años 90 prevaleció la extranjerización y concentración de la banca, fenómenos que caracterizaron a esa década. En el Banco Central comandaba Pedro Pou, un banquero que ejecutó a la perfección el mandato menemista. Eran tiempos que mandaban los negocios financieros y la autoridad monetaria sólo servía como caja de conversión. En la convertibilidad no había política monetaria. El presente es distinto. Se necesita un Central activo y al servicio de un modelo productivo, que sirva a las empresas y a la creación de empleo. También al resguardo de la moneda. Para llevar a cabo semejante obra, es imprescindible un poder político que guíe tal objetivo y opere intercomunicado con los técnicos.

En casi seis años, los Kirchner y Redrado tuvieron éxito en su trabajo. En esta crisis, la intervención del Congreso para definir adónde deben destinarse las reservas no haría más que reforzar la idea de un Banco Central al servicio del actual modelo económico.

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