Unión Cívica Radical

Rodríguez: "La Argentina va a tener un presidente surgido del ballottage"

05-12-2010

Convencido de que Cristina Kirchner no ganará en primera vuelta, el hombre que fue cara emblemática del alfonsinismo y hoy es secretario general de la UCR cree que eso dará más legitimidad a quien triunfe y asegura que no se repetirá el fracaso de la Alianza

Ricardo Carpena

LA NACION

La política es futuro. No puede ser construida sobre la base de la nostalgia." Lo impactante de la frase, más allá de lo acertado de su contenido, es que su autor tendría todo el derecho a creer lo contrario y aferrarse al pasado como a un salvavidas.

Después de todo, Jesús Rodríguez tiene hoy 55 años y no los veintipico de cuando llegó a ser un ícono de la participación juvenil en política, en plena ebullición del fenómeno alfonsinista, cuando la primavera democrática hacía pensar que la dictadura no había podido oscurecer las ilusiones ni hacer desaparecer los sueños.

Este segundo hijo de dos españoles que llegaron al país en 1948 también dejó de ser uno de los principales caciques de la Juventud Radical y uno de los poderosos y temidos representantes de la Junta Coordinadora Nacional. Ya no ocupa una banca de diputado nacional por la Capital (como sucedió en tres oportunidades) ni, mucho menos, el sillón de ministro de Economía, tal como lo hizo durante 56 tormentosos días en 1989, siempre asociado a la figura de Raúl Alfonsín. Hoy, Jesús es secretario general del comité nacional de la UCR, edita el portal de análisis político www.escenariosalternativos.org y está orgulloso de una actividad que lo apasiona: dirige un programa en Flacso que brinda cursos de capacitación a legisladores de toda América latina.

Y lo que termina admitiendo ante Enfoques es significativo dentro de un radicalismo que arde por una suerte de triple candidatura presidencial: Rodríguez tiene decidido apoyar a Sanz, si finalmente decide postularse en 2011, y no al vicepresidente Julio Cobos ni a Ricardo Alfonsín, que es, como se sabe, el hijo del líder político al que Jesús siguió lealmente desde 1972, cuando, como militante de Franja Morada, quedó deslumbrado por su discurso y sus ideas durante un acto en la Facultad de Farmacia de la UBA.

Sanz, Cobos y Alfonsín serían los protagonistas el año próximo de una de "las novedades políticas nunca vistas hasta ahora", como llama Jesús a las elecciones internas abiertas simultáneas y obligatorias, en las cuales todos los partidos definirán sus postulaciones electorales.

La otra "novedad", según este dirigente radical, contradice los resultados de las últimas encuestas: "La Argentina va a tener un presidente surgido de un ballottage -destaca-, y esa es una buena noticia porque quiere decir que el presidente que surja de la elección tendrá una legitimidad social al menos del 50% y, en consecuencia, tendrá los recursos políticos como para afrontar el desafío de los cambios que la Argentina necesita."

Lo que no es novedoso para la UCR es que en los comicios de 2011 armará una coalición con el Partido Socialista y con GEN, de Margarita Stolbizer (como quedó esbozado en la convención radical de anteayer), aunque Rodríguez está convencido de que no se repetirá la historia de la Alianza. "Los partidos tienen capacidad de acumular experiencia y de transferirla", sostiene.

Casado, con tres hijas (de 28, 26 y 21 años, ninguna dedicada a la política), hincha de San Lorenzo y músico aficionado (toca el saxo), Jesús advierte que hay "un fin de ciclo en la Argentina que tiene que ver con determinados modos, actitudes y hábitos de relación política que llegan a su fin porque hay un reclamo de cosas diferentes".

-El radicalismo ya tiene tres precandidatos presidenciales: Julio Cobos, Ricardo Alfonsín y Ernesto Sanz? ¿Lo da por hecho?

-¿Podemos empezar de otra manera?

-Sí.

-El radicalismo se ha reconstituido, ha sido capaz de aprender de las dificultades que fueron extremas y reunió las condiciones como para estar en disposición de ofrecer una alternativa...

-Está contestando a mi pregunta como un típico radical...

-(Se ríe, pero continúa hablando.) ...y discute un programa para la Argentina que combine cambio en relación a la situación y gobernabilidad futura, y para eso ofrecerá para la interna abierta, simultánea y obligatoria distintos candidatos para que la sociedad pueda elegir. Formalmente hay uno solo lanzado, que es Alfonsín. Es muy posible que haya otros. Entre ellos, Cobos y Sanz. En relación con este último es casi natural que lo sea porque eso pasa en todos los países del mundo.

-¿Usted impulsa la candidatura de Sanz?

-Cobos hizo una gran contribución en esta etapa de recuperación del radicalismo, que le permitió a muchos volver a mirar a la UCR por las decisiones de aquella famosa noche en el Senado, donde la idea de un radical que ponía un límite a un camino equivocado y de extrema polarización del Gobierno contribuyó a recuperar esa legitimidad social. Por otro lado, Alfonsín ha hecho también una extraordinaria contribución para recuperar la autoestima del militante radical.

-No me quedó claro si apoya o no a Sanz.

-Si Sanz fuera candidato, yo sustentaría esa postulación. Por la expectativa que genera fuera del radicalismo y porque está comprometido absolutamente con el compromiso militante, emocional y racional de un dirigente del radicalismo.

-La UCR decidió tener como aliados al socialismo y al GEN. ¿Esto significa también que con Elisa Carrió no van ni a la esquina?

-La UCR es un partido político, y eso quiere decir que sus decisiones son institucionales. Importan, pero no tanto, la opinión o el humor de los dirigentes tomados individualmente. En ese sentido, el radicalismo, desde hace varias convenciones partidarias, llegó a una conclusión: darles mandato a los cuerpos orgánicos del comité nacional para encontrar puntos de contacto y coincidencias con otras fuerzas políticas. Ese mandato ahora va en esa dirección, pero no establece nombres y apellidos sino líneas de acción política. De acuerdo con las noticias de hoy, no imagino posible construir algo junto con ARI o con la Coalición Cívica. Porque ellos tomaron una decisión de tomar distancia, algo que debe ser respetado y que no es para dramatizar.

-Tanto cortocircuito remite a la experiencia de la Alianza. ¿Cómo unirse electoralmente y evitar que se repita la historia?

-Las situaciones son bastante distintas. En primer lugar, el contexto internacional es extremadamente amigable para la Argentina, como nunca lo hubo, y desafortunadamente la administración de los Kirchner no aprovechó eso para avanzar como sí lo hicieron Brasil, Uruguay o Chile. En segundo lugar, hay un aprendizaje hecho. Las instituciones, en este caso los partidos, tienen capacidad de acumular experiencia y de transferirla. Individualmente, cuando las personas transfieren su experiencia, difícilmente se acepta. En tercer lugar, ese aprendizaje supone que los acuerdos deben ser institucionales, que las fuerzas que lo integran deben tener reglas de juego que establezcan con mucha claridad los procedimientos en la toma de decisiones, y ése es el objetivo y el mandato del comité nacional para constituir esa coalición electoral.

-Aun así, con una coalición o sin ella, la sensación política de hoy es que la presidenta Cristina Kirchner es imbatible en las urnas, mientras que la oposición está dividida y sin candidatos fuertes definidos.

-Hay una bruma que nos impide ver efectivamente el fruto del reacomodamiento al cual estamos asistiendo. Pero en 2007, cuando Cristina Kirchner obtuvo algo más del 40% de los votos, el presidente Kirchner tenía una consideración social positiva del 70%. Obtuvo esa cantidad de votos y no habían pasado todas las cosas que pasaron. Entonces me resulta francamente inimaginable, y sólo posible en el contexto de una acción política de instalación de una situación no verificable en la práctica, la idea del triunfo en primera vuelta electoral. El año que viene, la Argentina va a asistir a dos novedades políticas nunca vistas. Una, la selección de los candidatos nacionales mediante una elección interna abierta simultánea y obligatoria. Esto quiere decir que la sociedad tomará la decisión acerca de quiénes son los candidatos de las distintas coaliciones. Segunda novedad: la Argentina va a tener un presidente surgido del ballottage, y nunca tuvimos que votar una segunda vuelta presidencial.

-¿Está muy convencido?

-Absolutamente. Esa es una buena noticia: quiere decir que el presidente que surja de la elección tendrá una legitimidad social al menos del 50 por ciento. Y, en consecuencia, tendrá los recursos políticos como para afrontar el desafío de los cambios que la Argentina necesita.

-Pero esa segunda vuelta puede favorecer a Cristina Kirchner. ¿O no?

-Siete de cada 10 votantes, hace un año, le dijeron que no al modelo de acumulación política y económica de la actual administración. Y en el momento de tomar una decisión en una elección, aquí y en cualquier lugar del mundo, se toma en relación al futuro, a la confianza, a la certidumbre, a la previsibilidad que una propuesta corporizada en una figura le dé en relación al futuro...

-Ahí es donde dudo que en la oposición, por lo menos como está ahora, surja realmente una candidatura tan seria y fuerte.

-Al revés. Entre las consecuencias del fallecimiento de Kirchner está que aquellos dirigentes que construyeron su visibilidad pública como la contracara del ex presidente van a ver afectadísima su situación. Dicho de otra manera: quedan mucho más afectadas las figuras que los partidos, los líderes individuales que las instituciones políticas. Pensando en el futuro, ¿cuál es mi ejemplo? Lo digo desde la lógica de que el gobierno siempre dice "miren dónde estábamos antes y dónde estamos ahora". [Winston] Churchill, después de ganar la guerra, perdió las elecciones. ¿Por qué? Porque los británicos se planteaban cómo era la reconstrucción después de haber ganado la guerra, y el Partido Conservador no estaba para eso. En la Argentina va a pasar lo mismo y va a pesar el hecho de que pensemos cómo aprovechamos el contexto internacional, cómo reconstituimos la ejemplaridad y la meritocracia, cómo terminamos con el capitalismo de amigos, cómo generamos una sociedad tolerante. Y, en esos valores, la oferta oficialista no tiene lugar.

-En el gobierno de Alfonsín ya sufrieron con Saúl Ubaldini. ¿Si vuelven al poder no van a sufrir más todavía con Hugo Moyano?

-Advierto un fin de ciclo en la Argentina. No me refiero sólo a los ocho años de los Kirchner, sino a un proceso en el cual determinados modos, actitudes y hábitos de relación política llegan a su fin. Hay un reclamo de cosas diferentes. Ese reclamo no supone un dar vuelta la página y empezar de cero. Hay una capitalización social de casi 30 años de vida democrática. La institucionalidad y la tolerancia del primer turno democrático con Alfonsín, la idea de incorporar capital privado a las empresas públicas, o, en la propia década kirchnerista, la idea de una Corte prestigiosa, de haber negociado la deuda externa exitosamente o de tener una asignación universal son cosas que son capitalizables socialmente. Desde esa perspectiva, una figura confrontativa, poco tolerante, como la de Moyano, también llega a su fin. Y él también es una piedra en el zapato de esta administración. Es posible pensar que haya iniciativas que limiten, condicionen o reduzcan sus márgenes de maniobra.

-¿Cómo puede hacer la UCR para sacarse de encima el estigma de De la Rúa?

-Ya lo pagamos bastante. Ese terremoto tuvo muchas réplicas. Pensémoslo así: hubo un tiempo, a principios de este siglo, donde estaba en discusión si el radicalismo seguía existiendo o no. Yo me quedé en el radicalismo. Pero no lo hice pensando en la historia o en que estoy en el partido desde los 17 años. Lo hice pensando en el futuro. La política es futuro. No puede ser construida sobre la base de la nostalgia. Y pensando en el futuro siempre supe, como tantísimos otros, que la democracia es inimaginable sin partidos capaces de mediar entre la sociedad y el Estado; que esa democracia de figuras, de candidatos flash , era de patas cortas, y que la manera de reconstituir la democracia en la Argentina pasaba por reconstituir los partidos. En la UCR salimos del fondo del mar... más que del fondo estábamos varios kilómetros debajo del fondo del mar, pero la convicción, las correcciones, las adaptaciones hicieron posible que estemos en condiciones de despertar expectativas en la sociedad.

-Hay varios mitos políticos de los que suele hablar hasta Eduardo Duhalde. Por ejemplo, el peronismo es el único en condiciones de gobernar. Y otro: que el radicalismo no sabe gobernar ni llegar al final de su mandato.

-Digamos las cosas como son: en 2011, de los últimos 22 años de la Argentina, veinte habrán sido gobernados por el peronismo. Por un peronismo que primero privatizó todo y después pretende estatizar todo, que primero hizo lo que hizo con las empresas públicas y generó la desocupación que generó, y que ahora se muestra en el festival de mails con las empresas estatizadas. Hace falta una reconstrucción pensando en el futuro.

-Le está echando la culpa al peronismo...

-(Risas.) No, sólo señalo que las insatisfacciones sociales de la Argentina, muy justificadas, en buena medida tienen que ver con esta situación.

-Es difícil hablar de "la gente", pero ¿no hay una demanda de figuras con personalidad fuerte, como Kirchner o Carrió?

-No hay una demanda. En todo caso, hubo? Y se explicaron, se necesitaron, se justificaron y se entendían conjuntamente.

-¿Pero esta sociedad quiere realmente o soporta otro tipo de líder?

-La Argentina es una sociedad de dos almas, donde conviven una visión de reclamo de caudillismo, de "no importan los métodos sino los resultados", con otra totalmente contraria. Esa lógica nos llevó a lugares inapropiados. Mire los países vecinos. Estamos en el cono sur de América latina, el fin del mundo. El imperialismo, si es que existe, existe para todos. La globalización afecta a todos. Las dificultades también. Y qué es lo que explica que a Chile y a Uruguay les haya ido como les fue y cómo le ha ido a la Argentina. Es la combinación de un Estado legitimado y respetado, una sociedad respetuosa de la ley, un sistema político con claridad acerca de lo que representa y con partidos sólidos, y una cultura del compromiso y del acuerdo entre los actores. Eso explica que en Chile haya habido veinte años de concertación, y que en Uruguay sea posible que [Pepe] Mujica lo haya sucedido a Tabaré [Vázquez]. ¿Alguna vez escuchamos hablar del laguismo o del bacheletismo ? ¿Y del tabareísmo y el mujiquismo ? No existen. Las instituciones son infinitamente más importantes que las personas. Eso no quiere decir que haya que subestimar el liderazgo, pero un liderazgo concebido como capacidad para articular distintos puntos de vista. La figuras providenciales son malas, no importa qué intenciones tengan.

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MANO A MANO

Sus enemigos en los años ochenta lo calificaban como uno de "los montoneros de Alfonsín", como uno de los integrantes de la "sinagoga radical". Esas acusaciones eran absurdas en la época y lo serían mucho más ahora. No porque Jesús Rodríguez se haya aburguesado y haya dejado de ser un activo exponente del ala progresista del radicalismo. Pero el tiempo lo ha dotado de más moderación, de mejor capacidad de reflexión. La última vez que lo vi todavía estaba en su apogeo político, pero este reencuentro me dejó la ratificación de que el verdadero apogeo no está en los cargos ni en la figuración, sino en la claridad de conceptos, en la formulación de diagnósticos certeros y en la decisión de llevarlos a la práctica. Por ese andarivel lo noté asentado a Rodríguez. Me llamó la atención que no cargara las tintas contra Elisa Carrió y me volvió a sorprender esa capacidad muy "radical" de dar vueltas al contestar. Hay ex jóvenes de distintos partidos que dejaron la política, que se enriquecieron, que crecieron sin hacer honor a sus ideales. Jesús Rodríguez, en cambio, sigue pareciendo el "ex joven" al que la madurez no le cambió esa condición de símbolo del militante radical. Parece conservar todavía una cuota de ilusión.

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