20-07-2010 | Notas de Opinion

EL DESASTRE DE LA POLITICA ENERGÉTICA OFICIAL

Por Hipólito Solari Yrigoyen

La presente crisis energética, donde a diario escasea la nafta o el gasoil y donde la falta de gas ha paralizado industrias y privado del calor a los hogares más humildes del país, como lo refleja la prensa diaria, ha dado la razón a la denuncia permanente de la Unión Cívica Radical de cómo en materia energética la política del justicialismo lleva al país al desastre.

La marcha hacia el abismo la inició el presidente Menem con la venta de YPF y Gas del Estado y la liquidación de Agua y Energía y luego avanzaron por el mismo camino los dos Kirchner. Néstor Kirchner impulsó la negociación propia de una republiqueta, sin licitación y a una regalía insignificante que no se condice con las que priman en el mercado internacional, con Panamerican Energy, negociación que concluyó con la concesión por cuarenta años del mejor yacimiento del país, el de Cerro Dragón.

Este contrato ha sido el modelo seguido después en negociaciones similares con otras empresas. La concesión de este yacimiento puede considerarse un nuevo y perfeccionado capítulo de la historia negra del petróleo en nuestro país, tanto por el sigilo en que se negoció, la antelación a su vencimiento en que se firmó y por las cláusulas que lo integran, terriblemente lesivas para los intereses nacionales en general y de las provincias afectadas en particular. La accionista mayoritaria de Panamerican es British Petroleum, la misma empresa que, por privilegiar la renta sobre la seguridad, ha causado la catástrofe del golfo de México.

Tras la venta de YPF cayeron las inversiones de riesgo y las empresas se encerraron en la deleznable ecuación comercial de extraer al máximo, no explorar y exportar todo lo posible. Como lo ha señalado el experto radical Gustavo Calleja: “las reservas de hidrocarburos han disminuido significativamente y hemos perdido el autoabastecimiento”.

Por su parte Jorge Lapeña, ex secretario de Energía de Raúl Alfonsín, también voz autorizada del radicalismo, ha sido también categórico: “las tendencias de largo plazo de nuestro sector de hidrocarburos son alarmantes: caída productiva en los últimos 12 años en petróleo y de los últimos 6 años en gas natural; disminución de las reservas comprobadas y de las inversiones de riesgo en materia exploratoria. La conclusión es obvia: estamos en decadencia irreversible”.

Hay que cambiar el rumbo y el radicalismo lo hará al llegar al poder. El fracaso de dejar la política energética librada a los intereses privados obliga al Estado a jugar un rol en funciones que le son indelegables y a través de una empresa que actúe en el mercado teniendo en cuenta el interés nacional.

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