17-08-1998 | Noticias
DE LA RUA SOBRE HIELOS CONTINENTALES Y MALVINAS
Análisis de la agenda internacional.
En el Comité Nacional de la UCR, se llevó a cabo –esta tarde- la reunión del candidato a Presidente de la Nación, Fernando De la Rúa, con expertos y
legisladores nacionales para abordar la agenda internacional.
Los principales temas considerados fueron las cuestiones de la soberanía de las islas
Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y los Hielos Contientales.
Terrorismo internacional, tensión Perú-Ecuador, la paz mundial, la Corte Internacional de Derechos Humanos, también se incorporaron al debate entre los ex funcionarios del área y los
legisladores integrantes de las Comisiones de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados y del Senado.
Participaron de la reunión, entre otros, los diplomáticos Lucio García del Solar, Elsa Kelly, Hugo Gobi, Daniel Olmos, Julio Barboza, José María Otegui junto a los especialistas Raúl Alconada Sempé, José Lladós y Angel Tello
Las autoridades partidarias, Leopoldo Moreau, Jesús Rodríguez, Oscar Castillo y Antonio Berhongaray; el presidente de la Convención Nacional, Raúl Baglini y los
presidentes de los bloques legislativos, diputado nacional Federico Storani y senador nacional José Genoud; junto a los diputados Marcelo Stubrin, Carlos Becerra, Juan Pablo Baylac, Ricardo Lafferriere, Mario Negri, Alfredo Allende, Manuel
Martínez, María del Carmen Banzas y Beatriz Leyba de Martí; y los senadores Mario Losada, Alberto Maglietti y Javier Meneghini, participaron tambien del evento.
A continuación se transcriben las principales definiciones sobre Hielos Continentales y Malvinas producidas en la reunión.
Hielos Continentales:
Luego de un trámite irregular el oficialismo obtuvo la mayoría produciendo el despacho favorable de las Comisiones de Relaciones Exteriores y Defensa Nacional para
ratificar el acuerdo Menem-Alwyn (de diciembre del ´96) y su protocolo adicional. La UCR dictaminó el rechazo. Este documento fue la base argumental que congregó a la oposición en el
enfrentamiento a la llamada línea poligonal.
La férrea oposición de la UCR así como la de otros partidos, y la falta de consenso en el propio bloque de diputados justicialistas, hicieron que -a pesar del despacho
favorable de las comisiones- no se pudiera dar el tratamiento en el Recinto y la cuestión una vez más quedara diluida y congelada.
Si bien el oficialismo no pudo lograr la ratificación parlamentaria del Acuerdo, la poligonal era como una espada de Damocles que pendía sobre las cabezas de los diputados, a la espera de un minuto en que se dieran las
circunstancias para hacer funcionar la mayoría automática del partido gobernante.
Por otro lado, la vigencia de la Ley Olmedo hacía que la propuesta del tratado no perdiera estado parlamentario, lo que implicaba desde el punto de vista técnico
un empantanamiento, que contribuía con el deterioro de la confianza de la dirigencia política chilena en las autoridades del Gobierno Argentino. Deterioro que había comenzado a raíz de
supuestas promesas incumplidas.
Luego de las elecciones de octubre de 1997, se hace necesario tomar la iniciativa parlamentaria con vistas a salida de la incómoda posición para la Argentina frente a la
democracia chilena. Con gran responsabilidad, enconces, se estableció un diálogo informal y fecundo con parlamentarios del vecino país, que concluyó en establecer que si el Congreso
Argentino elaboraba una propuesta alternativa y el Gobierno de Chile estaba dispuesto a aceptarla, entonces ellos iban a considerarla seriamente.
Los principales argumentos vertidos fueron, entre otros, que la traza de la poligonal era una fuente de conflictos hacia el futuro, que no resolvía las cuestiones
vitales de ninguno de los dos estados, que era tan perjudicial para Chile como para la Argentina, que no podíamos considerar el
acuerdo como parte integrante de la solución de los restantes veintitrés puntos antes mencionados pues estábamos frente a un tratado autónomo, y que la solución de la controversia debía
partir de los elementos históricos y jurídicos contenidos en los tratados y al mismo tiempo debía respetar la geografía de la zona no estableciendo límites artificiales donde no son
estrictamente necesarios.
La propuesta alternativa
Ante este nuevo escenario la UCR se sintió en la obligación de establecer los criterios para alcanzar una solución definitiva, que tuviera en cuenta el interés nacional
y que permita a la Cancillería argentina, presentar una propuesta alternativa a la Cancillería de Chile sobre la base de
ser viable para los Parlamentos de uno y otro país, teniendo en cuenta que el art.75 inc.15 de la Constitución Nacional, establece que es facultad del Congreso "arreglar
definitivamente los límites del territorio de la Nación".
Debe considerarse, a la vez, la importancia asignada a una solución pacífica y definitiva con el país hermano, dentro del espíritu del TRATADO DE PAZ Y AMISTAD de
1984, con el más sincero sentimiento de confraternidad que se consolida mediante acuerdos justos y equitativos, que deben resolverse como cuestión de Estado conforme al interés nacional
por encima de las circunstancias partidarias.
Adicionalmente debemos destacar que los legisladores que integran la Alianza, han logrado una total coincidencia operativa en tan delicada cuestión, que les ha permitido coincidir sobre la materia con los demás partidos
políticos con representación parlamentaria.
Según nuestra visión los criterios para la demarcación de la frontera en el sector mencionado deben estar regidos por:
El Tratado de Límites de 1881, su
Protocolo Adicional Aclaratorio de 1893 y demás
instrumentos relacionados a la fijación de la frontera
entre ambos países, según los cuales "la línea
fronteriza correrá por las cumbres más elevadas de
dichas cordilleras que dividan las aguas y pasará por
entre las vertientes que se desprenden a un lado y a
otro".
La voluntad de acordar y definir con Chile
la fijación de la frontera entre el Cerro Fitz Roy y un
punto situado al Noroeste del Lago Viedma sobre la
divisoria continental de aguas. Sin perjuicio de la traza
que se establezca entre dichos puntos, deberá
garantizarse que todas las aguas que fluyen en la cuenca
del Río Santa Cruz sean consideradas como recurso
hídrico propio de la República Argentina.
La adecuada aplicación del principio por
el cual la Argentina no pretende punto alguno de acceso
al Océano Pacífico, en particular en la zona de los
fiordos.
La Academia Nacional de Geografía deberá
asesorar en todo lo atinente a la aplicación de los
criterios antedichos.
La cuestión de la soberanía de las
Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur
Para la UCR la recuperación de la soberanía
de nuestros territorios insulares en el Atlántico Sur fue
siempre un objetivo fundamental de la política exterior. Pero
mientras el reclamo carecía de identidad internacional, poco
podía la Argentina influir ante una potencia como Gran Bretaña,
que negando la existencia misma de la disputa, rehusaba tratar el
tema, alegando no dudar de sus derechos soberanos sobre las
islas.
Tuvo un buen reflejo el Presidente Menem cuando
dispuso la apertura hacia el Reino Unido tan pronto se hizo cargo
de su primer gobierno, normalizándose las relaciones vía los
acuerdos de Madrid de 1990. Aprovechando que los términos del
"paraguas de soberanía" estaban ya acordados entre la
Argentina y el Reino Unido al final del gobierno del Dr.
Alfonsín, Menem pudo poner rápidamente en marcha los mecanismos
de la tradicional relación anglo-argentina, suspendidos por una
guerra que a ninguna de las partes había convenido. A raíz de
ello, los niveles del intercambio y de las inversiones han ido
aumentando sostenidamente.
Pero el acento del actual gobierno en los temas
bilaterales fue a expensas de la consideración de la cuestión
de soberanía, en la que aceptó la interpretación británica
del "paraguas" a posteriori de los Acuerdos de Madrid,
en el sentido de que la disputa como tal se encuentra bajo
el mismo y no sólo algunos temas específicos. A raíz de ello,
en el diálogo con Londres, la cuestión de la soberanía,
durante años, sólo fue tímidamente aludida para no perturbar
la buena marcha de la relación bilateral, provocando,
naturalmente el endurecimiento de la diplomacia británica.
El Canciller nunca ha explicado al país cuál
es la política del Gobierno sobre Malvinas, dando la sensación
de que no hay plan alguno sino iniciativas improvisadas.
Periódicamente lanzó al vuelo diversas propuestas de arreglo
-la más reciente es la de un condominio- que difícilmente
podían ser tomadas en serio por los británicos por el manejo
poco profesional de las mismas, empezando por no surgir de un
contexto negociador con el Foreign Office.
El balance es que se restablecieron las
relaciones bilaterales pero desmejoró nuestra posición en el
tema en disputa. Han contribuido a esto, entre otras actitudes,
la falta de rigor diplomático ante los actos unilaterales de
reafirmación de soberanía de los británicos en la zona en
disputa, la postura poco exigente ante ellos para reanudar las
negociaciones interrumpidas en 1982 y reclamadas anualmente por
las Naciones Unidas, la "política de seducción a los
isleños" .
Tarea por delante
La obligación de un nuevo gobierno en la
cuestión de las Malvinas es reexaminar lo actuado y formular un
plan a corto, mediano y largo plazo para recuperarlas, basado en
una profunda reflexión a cargo de especialistas inspirados en
nuestras prestigiosas tradiciones en la materia. No es aceptable
la postura británica de que la derrota argentina en la guerra
dirimió la cuestión y que por ello, nuestro país debe
abandonar el reclamo. Todo lo contrario.
Un nuevo gobierno debe insistir, ante todos los
foros multinacionales competentes, nuestra disposición a
negociar pacíficamente la restitución de nuestros territorios
nacionales conforme a lo dispuesto por la resolución 2065/XX y
siguientes. Deberá continuar planteando anualmente la
reanudación de las negociaciones ante el Comité de
Descolonización, evaluar la conveniencia política de presentar
el caso nuevamente ante la Asamblea General de las Naciones
Unidas y eventualmente ante la Corte Internacional de Justicia.
Al margen de que el futuro gobierno reafirme la
posición tradicional de que el interlocutor de la Argentina para
el diálogo sobre la disputa es exclusivamente el Reino Unido
-responsable de ella por la ocupación ilegal desde 1833- el
papel de los habitantes de las islas requiere la mayor atención
tanto desde el punto de vista humano como desde el político.
Deberemos preveer que la pertinaz posición no
negociadora del Reino Unido, podría originar algún día un
clima negativo que afecte nuestra política de facilitar a los
ileños su comunicación con el mundo y el acceso a sus fuentes
de desarrollo económico. Respecto de los recursos naturales
pesca hidrocarburos -ya dijo Lord Shackleton en 1976- para
sacarles debido provecho, la colaboración de la Argentina sería
necesaria: nada más premonitor.
En un vasto y prolífero escenario como es el
Atlántico Sudoccidental, los principales actores son la
Argentina y el Reino Unido y probablemente para rato. Ese
escenario no podrá escapar al empuje desbordante de la
transnacionalización de los intereses en el mundo actual. Ello
no debe espantarnos y hasta nos podrá favorecer, siempre y
cuando a la hora de firmar acuerdos, sepamos defender con
seriedad y rigor profesional el interés nacional.
Terrorismo
Los atentados terroristas producidos recientemente contra dos
sedes diplomáticas norteamericanas en Africa, constituyen una
escalada de violencia política que ha deplorado enérgicamente
la Unión Cívica Radical.
Particularmente afectados –los argentinos- por los dos
atentados cometidos contra la Embajada de Israel y el edificio de
la AMIA, seguimos cuidadosamente la evolución del terrorismo en
cualquier sitio del planeta en que se manifieste.
Por ello estamos empeñados en implementar todos los
mecanismos institucionales que permitan guarecer a la República
Argentina, y los restantes países que integran el Cono Sur de
América Latina.
La lucha contra el terrorismo exige una atención particular a
la adecuada obtención de información y a la inteligencia de la
misma, con recursos humanos y tecnológicos apropiados que le
otorguen al Estado la capacidad de anticipación indispensable
para prevenir las acciones indicadas. A ello se suma la
importancia creciente que debe adjudicarse a la cooperación
internacional y subregional, en nuestro caso en el ámbito del
MERCOSUR, sin por ello abandonar esquemas bilaterales de consulta
y ayuda.
Buenos Aires, 17 de agosto de
1998.-
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