ASISTIMOS AL RENACIMIENTO CIVICO
Y MORAL DEL PAIS
Somos conscientes que le toca a los partidos políticos elaborar la nueva agenda de los grandes temas públicos. La política recobra su auténtico sentido cuando no se agota en la buena gestión, sino cuando proyecta hacia el futuro estrategias dirigidas a dar respuesta a las aspiraciones de la Nación y a las angustias de la sociedad.
Más allá de los dilemas y las restricciones que enfrentamos, cometeríamos un gran error si considerásemos agotado el debate en el corto plazo. Por el contrario, es necesario aportar el patrimonio de valores que marca la identidad de cada fuerza y discutir la estrategica correcta para mantener firme y clara la idea de Nación.
La despolitización resulta impracticable, porque la repartición de los frutos del crecimiento, la educación, la ciencia y la tecnología, la salud, el sistema jubilatorio, el destino de nuestro federalismo, la defensa del medio ambiente, son problemas que requieren soluciones políticas. Por eso todos los días los hombres públicos deben preguntarse: ¿Quién decide y con qué criterios en el mundo de hoy? ¿Qué idea del progreso le proponemos a nuestros hijos?
Cuando el gobierno de la Alianza no ha cumplido todavía tres meses de vida existen fuertes razones para celebrar el cambio que se ha operado en la República con su advenimiento. Las últimas elecciones demostraron que la Argentina supo reaccionar a tiempo y el inicio de la nueva gestión viene exhibiendo que se ha comenzado a transitar por una experiencia de renovación de las instituciones, de consenso nacional, de encabezamiento de las expectativas culturales, económicas y sociales, de depuración de las prácticas políticas y de transparencia y dinamismo en la conducción del Estado. El país asiste a un renacimiento cívico y moral.
Se gobierna ahora con los criterios de una democracia adulta, consciente de que hay que asumir con realismo una irrenunciable voluntad de cambio. No habrá milagros ni resultados espectaculares e inmediatos. Tenemos enormes problemas que resolver y desafíos que afrontar: las nuevas autoridades han expresado el compromiso y la decisión de hacerlo. El marco impuesto es el imperio del derecho, el funcionamiento pleno de las instituciones constitucionales, el respeto irrestricto de los derechos fundamentales, la búsqueda de la igualdad y la vigencia de la libertad. La libertad conlleva el compromiso de agrandar el campo de los derechos individuales, de aceptar los derechos colectivos y de reconocer los de los desposeídos. La democracia que practicamos exige la tolerancia, desalienta los conflictos y destierra las exclusiones. El mejor seguro para la democracia es impulsar hacia adelante su voluntad de cambio. La Alianza está cumpliendo con los compromisos contraídos con el pueblo.
El gobierno de la Alianza comprende que la Argentina reclama reformas importantes y demoradas que abarcan un amplio espectro de necesidades, en los programas educativos y de salud, en las relaciones laborales, en la creación de empleos, en el sistema de seguridad social, en la infraestructura pública, en ordenar sus cuentas internas y externas, en apoyar y fortalecer a las economías regionales y a las pequeñas y medianas empresas, en la relación entre la Nación y las provincias para afianzar y profundizar el mandato histórico y constitucional del federalismo. Ya se ha comenzado a trabajar en ellas y se lo esta haciendo en el sentido correcto. Algunas de estas reformas, como la fiscal y la laboral han señalado puntos de partida para recuperar capacidades nacionales sobre bases firmes y principios de equidad. Se trata de medidas indispensables para orientar al país en la dirección del crecimiento estable con una tasa significativa de ahorro interno, de la innovación progresista, del pleno empleo, de la ampliación de expectativas.
La Unión Cívica Radical tiene una historia secular y pública, un ideario democrático y progresista y normas éticas de actuación que definen su personalidad política y que constituyen su aporte a la formación de la Alianza. La convergencia en ella con otros prestigiosos partidos tiene un respaldo programático compartido que permite definir a la Alianza como un proyecto político sólido, serio y de largo alcance, que se diferencia claramente de los frentes electorales de circunstancias. No dudamos que la percepción de estas características ha sido el motivo del amplio respaldo que el pueblo le dio para llegar al gobierno.
Las estrategias de desarrollo necesitan de un alto grado de consenso público. El camino no es otro que el de la modernización fundada en la ética de la solidaridad y en la igualdad de oportunidades. Este nuevo camino que transitamos los argentinos necesita dar un gran impulso al desarrollo a través del crecimiento de la industria y el campo, evitando que importaciones desleales -en desmedro de nuestro país y del Mercosur-, impidan concretar el objetivo nacional de recuperar las posibilidades de producción y bienestar que requiere una sociedad justa, fraterna, solidaria, de modo de disminuir con vigor la desocupación y la exclusión.
Por eso, la Alianza no es un proyecto con fronteras cerradas. Por el contrario, aspiramos a que nuevas corrientes se sumen a él para fortalecer el proceso de cambio, generar relaciones más equitativas y delinear un nuevo pacto entre la sociedad y el Estado y entre el trabajo y la creatividad de los argentinos para afianzar la autonomía de las decisiones nacionales frente a los aspectos negativos de la globalización. Por todas las razones expuestas la Unión Cívica Radical ratifica con énfasis y convicción su más amplio apoyo a la Alianza, a su proyecto político y al gobierno surgido de sus filas.
Somos conscientes del desafío que representa la misión de gobernar de otro modo y demostrar que el éxito y los buenos resultados pueden ir asociados al cumplimiento de los mandatos y compromisos contraídos con el pueblo. Este es el compromiso de la Alianza con la sociedad y con ese espíritu ha empezado a actuar con resolución y firmeza, con el respaldo de una nueva mayoría ciudadana.
La Unión Cívica Radical, asume este desafío con responsabilidad, y actúa de manera activa y solidaria con el gobierno del presidente Fernando de la Rúa. Aspira asimismo, y convoca, a una tarea de construcción compartida tanto en el seno de la Alianza como con el conjunto de las fuerzas políticas y sectores sociales representativos a fin de hacer realidad el bienestar económico y el progreso social de nuestro país.
Buenos Aires, 25 de febrero de 2000
