ALFONSIN: “Y tal vez sea todavía una utopía, utopía por la que supo luchar permanentemente Enrique García Vázquez: concretar la libertad y la igualdad al mismo tiempo”
El pasado jueves 30 de marzo, el presidente del Comité Nacional, Raúl Alfonsín evocó ante la figura de quien fuera el titular del Banco Central, Enrique García Vázquez, al cumplirse el primer aniversario de su fallecimiento.
Junto a los hijos Silvia y Carlos García Vázquez
Alfonsín descubrió de una placa recordatoria en el
hall de entrada del Edificio de Alsina 1786.
El doctor en Ciencias Económicas Enrique García Vázquez fue autoridad del Banco Central de la República Argentina durante los gobiernos de Arturo Illia y Raúl Alfonsín. Se destacó por la gran cantidad de artículos de naturaleza económica publicados en distintos medios de circulación masiva y especializada. También fue autoridad del Colegio de Graduados en Ciencias Económicas, docente en el Colegio Nacional Buenos Aires y presidente del Instituto de Economía de la Federación de Colegios de Graduados en Ciencias Económicas. García Vázquez dirigió la comisión de Economía del Comité Nacional de la UCR hasta sus últimos días. Falleció en Buenos Aires, a los 82 años.
Discurso del Dr. Alfonsín:
Señor Canciller de la Nación, señor Secretario del Ministerio del Interior del Gobierno Nacional, autoridades del gobierno nacional y municipal, queridas amigas y queridos amigos:
Corresponde que en primer término excuse la presencia del señor Presidente de la Nación que, hasta último momento, iba ha hacerse presente en este homenaje y, por razones del momento tuvo que prescindir de ese deseo que tenía de estar con nosotros y con todos ustedes en esta oportunidad. Así me lo acaba de manifestar el doctor –Carlos Becerra, Secretario de Asuntos Políticos del Ministerio del Interior.
Rendimos hoy homenaje a un amigo muy querido por todos. Me cuesta imaginar que Enrique García Vázquez pudiera tener un enemigo, a pesar de que siempre tuvo una gran firmeza en la defensa de sus propias convicciones y sus principios. No supo ganarse odios ni rencores porque su personalidad lo llevó en todo momento a evitar el agravio, a trascender todo lo que pudiera ser ofensivo para el otro, para con quien discutía, con quien dialogaba y porque tenía, además, una sensibilidad exquisita para comprender a todos. Si algo podemos decir categóricamente es que no fue extremista. Suelo decir que el extremista es el enemigo de la política porque no acepta interlocutor, no acepta la razones de los demás, se cree dueño de la verdad. El, sin abdicar jamás de sus propias ideas, de sus convicciones, sabía dialogar, sabía escuchar y hacía docencia permanente.
Lo conocí durante el gobierno de ese gran argentino que todos recordamos con veneración que fue don Arturo Illia. Fue durante su gobierno vicepresidente del Banco Central, de aquel Banco que presidía otro gran amigo y compatriota que se nos fuera tan rápidamente, el doctor Elizalde. Y durante mi propia gestión, estuvo también en el Banco Central, pero ya como Presidente.
Fue amigo entrañable de una de las grandes figuras del pensamiento económico progresista del mundo, don Raúl Prebisch, que desde la CEPAL nos enseñó permanentemente la necesidad de luchar por nuestra independencia en todos los sentidos y la de los países subdesarrollados, porque después se ocupó de los países del Asia y fue fundador de la Fundación Raúl Prebisch. Tenemos el honor de estar acompañados esta tarde por su señora esposa.
Está también aquí al señor ex Vicepresidente de la Nación, el doctor Víctor Martínez, y vemos a su lado a Luis Caeiro, a Juan Trilla, a Adolfo Gass, a Alfredo Concepción, al doctor Conrado Storani. No quiero seguir nombrando... pero realmente resulta emocionante ver a tantos amigos de Enrique viniendo esta tarde a rendirle un homenaje, un silencioso homenaje, una muestra de afecto y una muestra, también de ese lugar tan común que decimos, de seguir el ejemplo, de seguir en la lucha, de seguir en el camino.
Enrique se ocupó de todos los problemas que hoy nos afligen, que son los problemas que nos han afligido desde hace mucho tiempo a los argentinos. Frente al ataque tan fuerte del neoliberalismo que nos reclama un estado desertor, la idolatría del mercado, el estado chico, la democracia elitista, es bueno, entonces, recordar algunas cosas que nos dejara Enrique. No sólo acá en el Partido, en las diversas jornadas, seminarios que realizó como presidente de la Comisión de Economía, sino también en su cantidad de escritos y en sus libros.
El afirmaba que era necesaria la presencia del sector privado, pero que el Estado tenía una misión que cumplir orientando la inversión y buscando la manera de lograr una mejor distribución. No caía jamás en sectarismos, sus amigos más viejos me han dicho que tuvo su origen en el socialismo pero, seguramente, encontró en nuestro Partido un camino que le permitió realizar y concretar sus aspiración de realización para la Patria.
Pero, a pesar de ese origen, tampoco se olvidaba de la Doctrina Social de la Iglesia, por ejemplo y, en su último libro de 1992, se refería a la Centesimus Annus. Esa Encíclica en la que se analiza la Doctrina Social de la Iglesia y se aconseja no mencionar la palabra capitalismo, hablar, en todo caso, de mercado libre o de libertad de empleo, pero, también se aconseja que la desregulación no llegue a hacer desaparecer la presencia del Estado.
Se ocupaba mucho, ponía especial interés en el tema de la capacidad de la decisión nacional. Por eso, reclamaba que comportamientos económicos que resolverán la justicia social presentaran cuentas claras para evitar, precisamente, lo que nos ha ocurrido durante tanto tiempo, lo que ocurre hoy, no voy a hacer un ataque al gobierno anterior, tómenlo como un mea culp, -porque no pudo resolver ese problema- tener las cuentas claras para que no nos tomaran del cuello los organismos internacionales que, a veces se atreven demasiado; que a veces impiden que pongamos de manifiesto esa capacidad de decisión nacional fundamental.
Enrique ponía el acento en la necesidad de la igualdad y de la equidad. Decía que la búsqueda de la igualdad en el campo económico significa equidad y, desde este punto de vista encaraba el tema de la educación. Sostenía que la democracia debía basarse en favorecer de todas las maneras posibles la educación del pueblo. Ponía también su acento en la salud, es decir, era un economista que no era economicista. Más que referirse a la economía hablaba de economía política, lo que hoy procuramos hacer es lo que hoy procuramos resolver en situaciones dificilísimas.
Vemos que el gobierno quiere llevar adelante una economía política que dé respuestas, que dé satisfacción a tantos anhelos de nuestro pueblo y, procurar, fundamentalmente, que las soluciones primeras favorezcan a los sectores más desposeídos, los más desfavorecidos, los que menos tienen.
Nos hablaba Enrique de una ética y de una moral. Recordaba en todos los casos la necesidad de que la economía tiene que servir a la igualdad. Frente a todo lo que hoy nos ocurre, a la necesidad de superar problemas que nos dividen. Porque un pueblo se convierten en Nación cuando alcanza a definir los objetivos comunes y a luchar en conjunto por ellos. Cuando debemos superar la competencia que muchas veces obnubila a distintos sectores e impide un comportamiento nacional, cuando estamos tan desafiados como estamos hoy frente a tantos problemas, cuando estamos sufriendo los efectos de este neoliberalismo que no es una locura, que no es algo pasajero, que es nada más y nada menos una doctrina que pretende dar respuesta totalitaria a todas las problemáticas del hombre (totalitaria en un sentido de total) y que conspira, en última instancia contra esa dignidad, contra la dignidad del hombre y de la mujer.
En el mundo de la globalización insolidaria, donde vemos cómo aumentan las desigualdades entre las naciones, Enrique se basaba siempre en esta idea de la igualdad y la equidad, fundamentalmente por los efectos de lo que estoy diciendo últimamente, sobre la idea de la concertación.
En el último capítulo de su último libro nos habla de la necesidad de la concertación. Concertación que debemos buscar todos los argentinos. Debemos hacer desaparecer de la competencia política algunos temas absolutamente prioritarios, fundamentales, que hacen a nuestra individualidad cultural, que hacen a nuestra individualidad nacional, que hacen a criterios de justicia indispensables si queremos obtener una democracia.
La democracia no es sólo la República. La República nos da las bases y las libertades necesarias para afirmar sobre ellas conceptos democráticos que, a su vez, afirman concepciones que están vinculadas a la necesidad de respetar los derechos sociales, de respetar los derechos humanos de segunda generación. La República nos hacía respetar los de primera generación y evitaba un estado absolutista que nos hiciera desaparecer o que nos llevara arbitrariamente presos. La democracia es algo más que eso, según mi modo de entenderla. Y tal vez sea todavía una utopía, utopía por la que supo luchar permanentemente Enrique García Vázquez: concretar la libertad y la igualdad al mismo tiempo.
Tenía una gran capacidad de convocatoria porque tenía amigos de todos los sectores, no sólo políticos, sino en la escala social de la Argentina, se comportaba con todos igual, con esa seriedad, con esa afabilidad que eran características de una personalidad singular. Porque, como dije antes, a mi criterio, sabía mezclar perfectamente la posibilidad de ser amable y afable con el interlocutor, con la defensa más inspirada, más firme de sus propios principios y de sus propios ideales.
Creo que hoy estamos en el camino que él quería que recorriéramos. Pero es evidente que todos sabemos también, que el neoliberalismo no es una cosa para un día, ni es un problema electoral, deja huellas profundas, inercias de las que es difícil salir y la necesidad, en consecuencia de una lucha muy fuerte.
Quiera Dios darnos la fuerza que tuvo para luchar Enrique. Quiera Dios darnos la fuerza para luchar por los principios para afianzar en la Argentina esa capacidad de decisión nacional para que todo el mundo sepa de una vez y para siempre que no queremos ser una colonia, que queremos ser una Nación.
Buenos Aires, marzo/2000
