07-08-2000 | Noticias
LA MUJER Y EL PODER
Presentación del libro de Norma Allegrone.
El miércoles 5 de julio, el presidente del Comité Nacional de la UCR, Raúl Alfonsín, participó de la presentación de “La mujer y el poder en las organizaciones profesionales” especialmente invitado por su autora, la escribana Norma Allegrone, y editado por la Fundación para el Desarrollo en Igualdad.
En la oportunidad, compartieron el estrado con Raúl Alfonsín y Norma Allegrone, el presidente de la Cámara baja, diputado Rafael Pascual, y la directora del área Mujer del Gobierno de la Ciudad, Noemí Aumedes.
“¿Por qué un estudio sobre la mujer profesional? -se interpeló la doctora Allegrone al comienzo del acto- la mujer en nuestro país ha alcanzado un alto nivel de educación e idoneidad y su presencia en el ámbito laboral es cada vez mayor. Sin embargo, sigue siendo un recurso de ´liderazgo´ desaprovechado. Ante esta realidad, es preciso reflexionar e implantar acciones para hacer más activa su participación, eliminando las desigualdades existentes en el acceso a los ámbitos de poder”.
“Con el propósito de establecer una democracia paritaria, se han escrito estas páginas” agregó la autora, quien presentó al doctor Alfonsín.
Discurso del doctor Raúl Alfonsín:
Señor Presidente de la Cámara de Diputados, Rafael Pascual, querida Norma, queridos amigos, queridas amigas:
Tengo mucho gusto en presentar este libro y lo hubiera querido hacer teniendo previamente un espacio mayor de tiempo para estudiarlo y complementarlo con otras lecturas. Evidentemente, uno es siempre optimista con relación a su tiempo, pero los viajes y actividades que realizamos nos impiden lucirnos como hubiéramos deseado, es una prueba de modestia venir así a presentar un libro. Pero, de todos modos, he procurado dedicarle tiempo, porque tenemos que acompañar este esfuerzo, felicitar a la autora y a los colaboradores, particularmente a dos de ellas que figuran con sus pensamientos en este libro y sumar nuestro pequeño esfuerzo al esclarecimiento de una situación que debe ser comprendida por todos. Y sobre todo, por todas. Yo me voy a permitir ser un poco atrevido en mis manifestaciones de hoy. Espero – somos todos adultos – que nadie se sienta ofendido, pero creo que hay que trabajar un poquito hundiendo el escalpelo para comprender el problema a fondo.
En la introducción, la autora explica que su objetivo primordial es muy sencillo: estimular un papel más protagónico de la mujer en la adopción de decisiones en el ámbito de las organizaciones profesionales. La idea que la guía es que, si bien es cierto que el mundo de las mujeres que ingresan en las distintas universidades aumentó a través de los años - incluso en carreras no tradicionales para ellas- también es cierto que su participación en los ámbitos de mayor responsabilidad y jerarquía dentro de las organizaciones que las agrupan es escasa y, en algunos casos, prácticamente nula. Yo he querido acompañar estas ideas con algunas referencias que aparecen en la revista de la Asociación Latinoamericana para los Derechos Humanos, me pareció que era interesante advertir desde dónde provenía esta diferenciación, que sirve más que como una diferenciación, como una discriminación. En esta revista Vilma Moncayo señala que “desde recién nacidas empezamos a aprender un mensaje: debemos ser dulces, sensibles, sacrificadas, guapas; mientras que los varones desde chiquitos aprenden a ser fuertes, conquistadores, dominantes, agresivos, valientes y más. En el ejercicio de los regalos que hemos recibido de niñas y que se han regalado a nuestros hermanos, esto quedó muy claro”. Yo mismo me he cuestionado seriamente porqué no he enseñado a mis hijos a cocinar y a mis hijas sí. Desde luego que esto va creando una cultura que permite un graffiti como el que les voy a leer, que es de un machismo escandaloso, es un estudio que se realizó en Ecuador, dice así: “el hombre que se enamora de una mujer inteligente es un potencial homosexual”. También quiero comentar algo de Lorena Fiestmonleon, después de esa etapa primera, seguimos cantando los graffitis, seguramente todos y todas recordarán esa canción “te vas porque yo quiero que te vayas, a la hora que yo quiero te detengo, yo sé que mi cariño te hace falta porque, quieras o no, yo soy tu dueño”.
Después, en el capítulo referido a La mujer y el poder, la autora recuerda la declaración de las Naciones Unidas sobre la eliminación de toda forma de discriminación contra la mujer a la que define como “víctima de exclusión o restricción basada en el sexo, con el resultado de menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer independientemente de su estado civil, sobre la base de la igualdad entre el hombre y la mujer, de los derechos humanos y las libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural y civil o cualquier otra que sea”. Concepto que fue reiterado en la conferencia Mundial sobre la Mujer reunida en Beijing en 1995, a la que muchas de ustedes asistieron. La potenciación del papel de la mujer, la plena participación de la mujer en condiciones de igualdad en todas las esferas de la sociedad, incluida la participación en los procesos de decisiones - lo más importante, la igualdad en el poder político, en definitiva – y el acceso al poder son fundamentales para el logro de la igualdad, el desarrollo y la paz.
Por aquí tengo alguna apostilla, que ya corresponde a otra autora, Carmen Rico Godoy, en un libro que tiene un título muy interesante “La neurona iconoclasta”, y dice así: “he descubierto trabajando con hombres que es incierto totalmente y mienten como bellacos, cuando dicen que les gustaría tener más tiempo con su familia. No solo no les gustaría sino que ellos, precisamente, tienen una mujer que se ocupa de la familia para poder dedicarse con tranquilidad a su trabajo. La mayoría trabaja para no tener que estar con la familia. El machismo le está ganando terreno al feminismo. Las mujeres han aceptado sin rechistar la obligación doble de seguir sustentando la casa, la familia y la tranquilidad de sus maridos y realizar, además, un trabajo. Esa es la gran victoria del machismo del siglo XX. Ellos dijeron: si queréis trabajar, realizaros y ganar dinero, estupendo; pero que todo ello no signifique que abandonéis a los hijos, dejéis la casa sin arreglar y a nosotros sin mimar. Y las mujeres, a tragar”. La manipulación de la mujer por el hombre se apoya, entonces, en el consentimiento de legiones de mujeres. Yo creo que esto nos tiene que hacer meditar.
Recuerda Norma un artículo publicado en La Nación titulado “Las mujeres y el poder” de Diana Diamontopoulou en el que se procura enfatizar la importancia de planes de acción para afrontar el problema genérico, requiriendo participación equilibrada de hombres y mujeres, en el proceso de toma de decisiones. Esta es la igualdad importante, la equidad, como veremos después. Agregando que, para que algo cambie, hay que presionar a quienes toman las decisiones. Hay que presionar.
En cuanto a la presencia de la mujer en los ámbitos de decisión, las estadísticas obtenidas - dice Norma- muestran la escasez de responsabilidad tanto en el Poder Ejecutivo, como el Legislativo y el Poder Judicial, a pesar que desde los orígenes de la sociedad argentina encontramos la presencia activa de las mujeres en el campo de la política, la economía y la cultura. No hablemos de los orígenes, porque ,recuerden ustedes a ese ilustre argentino, ilustre tucumano, gran conservador que fue Alberdi en su discusión con Sarmiento cuando le decía que no había que educar a la mujer porque adornaban la casa y nada más. Pero, de todos modos, recuerda muy bien que la lucha por el sufragio femenino y sus precursoras como Cecilia Grierson, Elvira Rawson de Dellepiane, Alicia Moreau de Justo y afirma que tantos esfuerzos chocaron contra la muralla de prejuicios masculinos que bloquearon toda iniciativa al respecto hasta la aparición de María Eva Duarte de Perón con la Ley 13010 de 1947. Pero señala -y esto es importante recordarlo - que esa misma concepción había sido adoptada en Santa Fe en la Constitución de 1921 y en San Juan en la de 1927. Recuerda las modificaciones de la reforma de 1994 y la Constitución de 1996 de la Ciudad de Buenos Aires. Ustedes saben que cuando se hizo la ley de cupo – mencionemos, desde luego a Margarita Malharro de Torres – se empezó a aducir que atentaba contra la igualdad de la Constitución y, por eso, establecimos una cláusula en la Constitución que permite discriminación positiva a favor de la mujer. De modo que esto ha quedado perfectamente establecido en lo que hace precisamente a la igualdad. Y hay otras cláusulas igualmente interesantes también en este sentido, pero no quiero abundar demasiado en este tema.
Sostiene Norma que tanto el texto de esta Constitución como el de la Convención sobre la eliminación de toda forma de discriminación contra la mujer permitirían invocar su disposiciones para aplicarlas no solo a las instituciones políticas sino también a los cuerpos de las organizaciones profesionales, cámaras empresarias, sindicatos, asociaciones civiles y organizaciones sociales. Recalca con una frase fuerte que “las mujeres no pueden esperar todo el tiempo del mundo, basta” . Creo que vamos adelante. Hace unos diez días la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires estableció que en el Colegio de Escribanos tiene que haber participación la mujer .
En cuanto a los partidos políticos, mejor no hablemos. Voy a saltearme algunos párrafos. Afirma que, no obstante estar consagrada la Ley de Cupos y lo normado por el artículo 37 de la Constitución Nacional sufren el mismo alto grado de discriminación que en otras organizaciones del poder. Lo mismo sucede en las organizaciones sindicales. En cuanto a la presencia de la mujer en cargos de responsabilidad señala que el Poder Ejecutivo Nacional en América Latina ha sido ejercido solamente por Violeta Chamorro en Nicaragua, Isabel Perón en la Argentina y Lilia Gueiler en Bolivia. Asimismo la representación en cargos ministeriales ha sido históricamente reducida y se ha limitado generalmente a carteras de menor rango. Afirma que la sanción de la Ley de Cupo de 1991 aun no se aplica correctamente. Tiene razón. Aun no se aplica correctamente. Y menciona como leading case la acción de mi querida amiga cordobesa promovida por María Teresa Morini que fue declarada ya viable por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Sobre los obstáculos de la participación de la mujer en la vida social y política afirma que, si bien no se pueden negar los logros educacionales, estos no han alterado las relaciones de poder entre la mujer y el hombre y que la conquista de derechos políticos solo ha servido para disimular su exclusión económica.
Veamos en cuanto a la vida social qué es lo que podemos sostener. Hay un libro muy gracioso de Carmen Alborche, se llama “Solas” que dice: “¿Cómo habitan las mujeres solas el espacio privado y el espacio público? ¿cómo circulan por las distintas esferas? ¿qué ocurre con los espacios interiores? El inconsciente, las expectativas, las fantasías. La necesidad de un espacio propio tiene en el caso de la mujer un sentido más amplio ya que supone descubrir y establecer su lugar en el mundo. Para ello se precisa la habitación propia, reclamada por Virginia Wolf – a la que antes ha aludido la autora – como ámbito exclusivo e imprescindible para la realización personal. El problema del espacio doméstico no afecta exclusivamente a las mujeres que viven solas, aunque sí de manera diferente. En efecto, muchas casadas no disponen de un ámbito personal porque el tamaño de las viviendas no lo permite, lo que hacen que estén siempre disponibles para los demás al mismo tiempo que se sienten encerradas. Conocida es la depresión del ama de casa, sufrida especialmente por las mujeres carentes de relaciones con el exterior que perciben que su vida va perdiendo sentido, en la medida que han dejado de ser imprescindibles para aquellas personas a las que han dedicado la mayor parte de las energías de su vida. Volver a casa tras la jornada laboral, puede ser una expectativa apetecible o puede ponernos de mal humor si nuestra vida exterior nos resulta agotadora, la casa se puede identificar con el lugar de reposo ya que necesitaremos espacio y tiempo para reencontrarnos con nosotras mismas o simplemente descansar”. Uno de los temas interesantes que hay que analizar es el del cine y la mujer. En el cine de Greta Garbo, de Marlene Dietrich en el Angel azul, de Rita Hayword en la Dama de Shangai, siempre la mujer sola, independiente, era la mujer fatal, la mujer mala. Aquí hace una cita de Liv Ullman , que es muy razonable, que decía que, a veces, es menos duro despertarse y sentirse sola cuando está sola que despertarse y sentirse sola cuando está con alguien. Agrega que las mujeres sin pareja no disponen, claro está, de una esposa y si tienen hijos a su cuidado deben ocuparse de todos sus asuntos, pero sin compartir responsabilidades. Cita a una frase de Simone de Beauvoir, que es interesante, “la liberación empieza por el monedero” ya agrega, con tono más corrosivo, “toda mujer necesita una buena esposa”. Cita también algunas frases de Virginia Wolf vinculadas a la invitación que formulan algunos hombres a las mujeres para construir un mundo nuevo y mejor “si los hombres que hacen este tipo de afirmaciones creen, además, que la mujer se encuentra en desventaja, suscita suspicacias, lo cual es verdad, por cuanto tiene poca o nula preparación política o profesional y cobran sueldos de 250 libras al año y creen que a pesar de esto la mujer puede construir un nuevo mundo y mejor, ello se debe a que forzosamente han de atribuirle unos poderes que casi cabe calificar de divinos”.
En un capítulo firmado por Mercedes López se recuerda a María Nieves Rico cuando sostiene que la discriminación de hecho de las mujeres, en cuanto a su derecho a la plena participación, puede ubicarse en el contexto más amplio de los derechos humanos básicos de la mujer que aun no son reconocidos. Es así, estamos hablando en realidad, de derechos humanos. Aquí, me gustaría señalar algunas frases de “Feminismo y reacción” de la diputada de la que me había referido antes. “En este siglo se han reconocido los derechos humanos y los derechos de la mujer como parte de ellos, en la medida que se exige la no discriminación por razones de sexo. Se ha consagrado el principio de igualdad al máximo nivel legal, desencadenando las diversas políticas de igualdad, se han generado cambios importantes en el derecho de familia y, dentro de él en el derecho de las mujeres. Recuerda María Florentina (Gómez Miranda) cuando luchábamos por la patria potestad compartida, todo lo que hizo. Ustedes no saben lo que me pasó a mí – dicho con todo respeto , ustedes saben que yo soy católico - pero un obispo que ya falleció, por eso no lo voy a nombrar, vino a quejarse porque iba a compartir la patria potestad la mujer con el hombre y me dijo “por algo Dios hizo primero al hombre”. Esa es una expresión tan machista como la de un chiste, que es asquerosamente machista, que no sé si ustedes lo han escuchado y si me permiten, lo digo. Resulta que Adán estaba solo en el paraíso y viene Dios a decirle: mirá, tenés que estar acompañado, así no podés seguir, te vas a aburrir, yo tengo una idea de la procreación. No, dejame solo estoy bien, dijo Adán. Pero Dios insiste, insiste y vuelve. Adán, entonces dice: está muy bien, pero que sea hermosa, inteligente, bondadosa, le pide todas las virtudes. Bueno, le dice Dios, pero eso te va a costar el brazo derecho y la pierna izquierda. Adán le dice: decime, por una costilla ¿qué me das?
Estaba buscando algo que quería leerles en cuanto a las relaciones sociales en la vida de las mujeres Carmen Rico Godoy, a quien ya me referí en ese libro “La neurona iconoclasta” dice que “a los hombres les gusta las mujeres distantes, distinguidas y discretas. Las tres d. Las mujeres que van por la vida siendo como son y comportándose como seres humanos normales, a los hombres los ponen muy nerviosos y les inspiran temor y desconfianza en sí mismos. Una mujer es inteligente, según ellos, cuando sabe callar para que ellos hablen; cuando tiene la sonrisa fácil mientras ellos despotrican ; cuando está sobria mientras ellos beben; cuando no se quejan mientras ellos fracasan. Una mujer inteligente para ellos es la que se comporta como una estúpida, pero es a ellos a quienes les gusta ¡qué le va a hacer! No se sabe porqué misteriosa razón los hombres creen que las mujeres de las tres d son fantásticas en la cama. Deben suponer que la distensión, distinción y discreción y el distanciamiento en posición vertical se compensa con apasionamiento, erotismo y orgasmos sin fin en posición horizontal. Naturalmente, se da por sabido que lo que los hombres llaman ser fantástica en la cama es retorcerse mucho, gritar mucho y decir muchas veces ¡amor mío! ¡amor mío! Y quedarse después como sonadas. O sea, que una mujer es buena en la cama cuando hace sentir al hombre que él es estupendo haciendo el amor”. Y termina, refiriéndose a este tema de las tres d, diciendo: “llegará el día en que alguien invente las tres d en pastillas y tendrán mucho más éxito que las cremas antiarrugas y habrá menos hombres homosexuales”.
Cuando hablamos que la conquista de los derechos políticos solo ha servido para disimular su exclusión económica, allí yo tengo una ligera discrepancia con Norma, que voy a explicar a través de este libro “Solas”. “La liberación de la mujer supone para el nazismo una degeneración que obedece a la influencia judaica. El lugar de la mujer es el hogar, entendido éste como la patria entera, es decir, Alemania toda. Mientras que las mujeres puras contribuirán a la regeneración de la raza, las impuras serán terrible y mayoritariamente sacrificadas. De cómo la dictadura fascista, entre otros horrores, atribuye a la mujer un papel subordinado, la excluye de cualquier posibilidad que no sea en la modélica esposa y madre desgraciadamente- dice- sabemos mucho en España”. Es decir, no es que se pretenda disimular la exclusión, se produce de todas maneras la exclusión económica. Pero démosle la respuesta que corresponde a la democratización, aunque falte tanto todavía, no estamos en una dictadura con estas características.
En un capítulo firmado por Mercedes López se recuerda a María Nieves Rico cuando sostiene que la discriminación de hecho de las mujeres en cuanto a su derecho a la plena participación puede ubicarse en el contexto de los derechos humanos básicos de la mujer, que no son correspondidos. Acá también podemos referirnos a “que en este siglo se han reconocido los derechos humanos, los derechos de mujer como parte de ellos en la medida en que se exige la no discriminación por razones de sexo. Ya lo leí, pero conviene leerlo de nuevo. “Se ha consagrado el principio de igualdad al máximo nivel legal desencadenando las diversas políticas de igualdad. Se han generado cambios importantes en el derecho de familia y, dentro de él, en los derechos de las mujeres. Se ha producido el acceso masivo de las mujeres a la educación y, en consecuencia, la posibilidad al menos teórica de acceder a cualquier trabajo o profesión llegándose a reconocer, en algunos países, como el nuestro, la discriminación positiva. Se ha conquistado el derecho al voto con la consiguiente legitimación para acceder al poder político, impulsándose la democracia paritaria. Es el siglo del feminismo, de la revolución o liberación sexual , del derecho al goce y disfrute del cuerpo, de la anticoncepción, de la maternidad consciente o elegida, y de la consecuente separación entre sexualidad y maternidad, es decir, la posibilidad de escapar del rol tradicional de los importantes cambios y costumbres y mentalidades. Sin embargo, no podemos ni debemos ignorar la realidad porque el llamado triunfo de la mujer puede anestesiar la conciencia de la desigualdad ya que, como repetimos insistentemente, frente a la igualdad legal existe la desigualdad real”.
Siguiendo con la parte de Mercedes López, sostiene la necesidad de extinguir un modo de pensamiento que asimila lo diferente con lo negativo. Me gustó muchísimo esta parte. “La desigualdad, la inferiorización y la subordinación”. Asimila lo diferente a lo negativo, a la desigualdad y a la inferiorización, incluso a la subordinación. Y otro que puede reconocer en lo diferente en la positividad de sus especificidades. “Es necesario – afirma – sensibilizar, concienciar y comprometer a los diversos actores a que replanteen la organización de la sociedad a favor de una mayor equidad entre varones y mujeres. La cotidianeidad de las mujeres, así como ellas mismas, está cambiando en muchos sentidos, pero las secuelas de siglos de marginación y subordinación siguen estado presentes. Para adquirir autonomía hay que aplicar la capacidad para definir proyectos propios, hay que saber anticipar, hay que saber planificar, decidir y sostener acciones en el mediano y largo plazo, hay que apelar a la noción de equidad, no igualdad, equidad, lo que implica un intento de diferenciarse de una propuesta de igualdad homogeneizante y, en consecuencia, totalizante. Y, por el contrario, lo que se pretende hacer aquí, es instalar la idea de distribución acorde al reconocimiento e involucran algún tipo de reconocimiento de desigualdades sociales. Será, asimismo, necesario incorporar lineamientos y acciones que conduzcan a modificar las dimensiones socio-culturales y la lógica de las relaciones sociales, tanto las que rigen las relaciones entre los géneros a que son obstáculos fundamentales que se oponen a la equidad entre los sexos. Ello implica modificaciones tanto a nivel de las prácticas como del imaginario social”.
En esta búsqueda de la equidad se responde a una crítica permanente a la mujer que lucha por sus derechos. Se ha llegado a afirmar, nos dice Carmen Alborch, que es actualmente una diputada socialista de España, “que la liberación de la mujer nos ha quitado aquello en lo que se apoya la felicidad de la mayoría de nosotras: los hombres. Hemos perdido terreno en lugar de ganarlo y estamos en un callejón sin salida. El feminismo, se dice, es culpable de la crisis de identidad de las mujeres, obviando que las crisis a veces, también son necesarias. Peor no es que reivindiquemos nuestra condición a ser tratadas como seres humanos y nos coloquemos en la cima del mundo, como afirman los mensajes que esquematizan el movimiento feminista, sino que buscamos formar parte de él dignamente, intentando superar la discriminación más antigua y más injusta de la historia, la que se basa en la mera pertenencia a un sexo que no aplica un principio básico de la modernidad, el principio de igualdad”. Estos mensajes, que profundiza mucho Susan Falud en su obra “Reacción: la guerra no declarada contra la mujer moderna”, que ganó el premio Pullitzer, tras analizar medios de comunicación con serie televisivas y películas que reproducen, lanzan y afianzan unos determinados modelos, “conforman una reacción antifeminista que se relaciona con el neoconservadurismo, principalmente en los Estados Unidos y que no se desencadenó precisamente porque las mujeres hubieran conseguido plena igualdad con los hombres, sino porque parecía posible que llegaran a conseguirla. Es un movimiento anticipatorio como usa el neoliberalismo o el neoconservadurismo para evitar cualquier avance progresista en el seno de una sociedad y, desde luego, que ha tenido en cuenta esta necesidad de frenar a la mujer. Se trata de un golpe anticipado, no el cambio anticipatorio de Fromm. Se trata de un golpe anticipado que las frena mucho antes de que lleguen a la meta. Pero, además ¿de qué igualdad hablan? si la pobreza es fundamentalmente femenina, si los salarios de las mujeres son más bajos, si se nos intenta manipular constantemente, si somos víctimas del abuso y la violencia sexual”. En un juicio de violación, me da mucha vergüenza decirlo de mis queridos compatriotas gallegos en Pontevedra, declararon inocente a un violador porque se trataba de una mujer licenciosa ¡vaya a saber lo que entienden por licenciosa, además!. ”Hacer del feminismo un enemigo de la mujer – continúa – contribuye a los fines del neoconservadurismo cuyo objetivo es propiciar que un cierto número de mujeres se vuelva contra su propia causa , como escribía ya en 1913 Rebeca Wells: no he podido descubrir exactamente qué es el feminismo, lo único que sé es que la gente me llama feminista cada vez que expreso sentimientos que me diferencian de un felpudo. La propuesta del feminismo es muy simple: que no se obligue a las mujeres a elegir entre la felicidad privada y la justicia pública y que tengan libertad para elegir por sí mismas acerca de su identidad y no que sea definida por la cultura de la que forman parte y los hombres son los que conviven”. Dice más adelante: “no soy partidaria de hablar de la guerra de sexos, solo luchamos por una sociedad de derechos humanos más justos, más libres y más felices. En definitiva, una sociedad mejor. Si por fin hemos descubierto que la felicidad es preferible al sacrificio o la abnegación no debemos sentirnos culpables, no debemos tampoco resignarnos, sino impedir el retroceso, buscar sistemas de vida y de relaciones en los que la independencia y la asunción de responsabilidades no conlleven una afectividad quebrada, desmitificar los clichés de las mujeres solas y no interiorizar la culpa o desculpabilizarnos. En la concepción de la soltería se ha pasado insidiosamente del estado civil “la soltera” a un sentimiento, la soledad, sin contemplar que vivir sola no es equivalente a vivir aislada y ser solitaria ni misántropa. En algunas ocasiones, de hecho, supone lo contrario ya que tener una mayor disponibilidad favorece nuestra capacidad de encuentro y relación con los demás. A pesar de los mensajes negativos y otro tipo de obstáculos, a pesar de los efectos del neoconservadurismo la concientización de la mujer sigue avanzando”. Eso es lo que yo creo que está muy a la vista a raíz de este trabajo que estamos viendo de Norma y de sus colaboradoras.
El Capítulo referido a la mujer en la Universidad de Buenos Aires estuvo a cargo de Marta Más de Magliano. Comienza afirmando que la tecnología se ha convertido en la clave para la competitividad en los negocios y el crecimiento económico de las naciones, por eso es necesario analizar la vinculación entre el género y la tecnología, en especial en lo referido a la estructura de poder, dentro del entorno y su proyección social relacionado a las diferencias de género. Las estadísticas muestran que, si bien las mujeres superan a los varones tanto en el número de alumnos como en el aumento de matrículas y que hay más mujeres que atienden cursos de postgrado, se verifica que el mayor incentivo económico corresponde a los varones. En cuanto a la Dirección de Proyecto de Ciencia, los hombres superan a las mujeres en un 128 por ciento. Otro dato es que, en cuanto a directores con dedicación exclusiva, los varones las superan en un 124 por ciento.
En lo que se refiere a las organizaciones profesionales, la autora analiza las diversas materias que en distintas facultades se dictan con relación al tema femenino. Hace mención especial al mensaje de salutación con motivo del día Internacional de la Mujer que hiciera el Colegio Público de Abogados de la Capital Federal, calificándolo como un ejemplo del doble discurso cuando expresa que ´La consigna de lucha de este milenio deberá asegurar a la mujer en la igualdad de posibilidades y oportunidades sin renunciar a su condición femenina´. Norma se pregunta ¿si la condición femenina es la imagen que muestran los medios de comunicación?. Mujer: Dependiente, sensible, bella, delgada, dinámica, ligeramente sometida, delicada, tierna y cálida, realiza actividades menos valoradas o no remuneradas, dedicada mayoritariamente a las tareas del hogar, jóvenes. Hombre: Independiente, inteligente, valiente, fuerte, activo, realiza tareas profesionales más valoradas socialmente, de todas las edades ya que no precisa ser joven.
Posteriormente, en el libro, se exponen los cuadros demostrativos de la discriminación de la mujer en diversos Consejos Profesionales, en un trabajo de investigación que debe haberle costado mucho esfuerzo a la autora, a la cuál realmente felicito ya que un libro como éste era necesario en la Argentina.
Para la reflexión final, Norma señala que la participación de la mujer en los ámbitos de decisión viene superando distintos procesos históricos, económicos, sociales y culturales, pero que aún falta un largo camino y finaliza con una definición categórica: La mujer comenzó el siglo XX luchando por sus derechos civiles y políticos, al finalizar el mismo la encontró luchando por su participación en el Poder.
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