LOS DOLORES QUE NOS QUEDAN SON LAS LIBERTADES QUE NOS FALTAN

Con la educación administrada como un feudo, científicamente atrasada y prejuiciosa, y extraña para la sociedad de la que formaba parte, la universidad argentina de 1918 había logrado mantenerse ajena al fenómeno socio político del reformismo y la extensión de los derechos sociales.

El sistema educativo universitario, hasta entonces profundamente elitista y limitado - existían tres universidades nacionales y dos provinciales-, inscribe los hechos de 1918 en una década que sin dudas es la bisagra de la Argentina moderna. Levantados a partir de las profundas injusticias, el anacronismo y la exclusividad que presentaba el sistema universitario, estudiantes encabezados por Enrique F. Barros, Ismael C. Bordabehere, Alfredo Castellanos, Julio Molina, ángel J. Nigro, Natalio J. Saibene, Antonio Medina Allende y Ernesto Garzón cimentaron la universidad pública, gratuita y de calidad que durante más de 90 años reivindicó el radicalismo y que desde hace más de 40 milita en los pasillos de las universidades la Franja Morada.

Hacer referencia a la reforma es reivindicar la Autonomía de la universidad para gobernarse a sí misma, autonomía que la protegió de diversos intentos de cooptación por poderes pasajeros. Hablar del Cogobierno es reivindicar la participación y los procesos de decisión colectivos entre los actores universitarios. Referenciar la Periodicidad de Cátedras, es propiciar un sistema que garantice la evolución de las ideas y el acceso a ellas a través de Cátedras Paralelas. Señalar, militar y defender la Gratuidad de la Enseñanza, es reafirmar que la idea de progreso y de igualdad social en libertad es sostenible en el largo plazo sólo con la igualdad de condiciones que propicia el acceso al conocimiento.

92 años después de aquella gesta liberadora mucho tenemos para celebrar. Generaciones de argentinos, hijos y nietos de inmigrantes, accedimos a la educación en la universidad reformista. Cinco premios Nobel, cientos de investigadores reconocidos en todo el mundo, miles de médicos, contadores, ingenieros, trabajadores sociales, historiadores, hicieron patria a lo largo y ancho del país luego de formarse en las universidades reformistas.

Sin dudas queda mucho por hacer, hay muchas libertades por conquistar, hay una dolorosa Ley de Educación Nacional por reformar. Seguramente con la valentía, la voluntad y la vocación de servicio de los chicos de 1918 podamos extender una educación pública, gratuita y de calidad para todos los que habitan el suelo argentino.

Dr Ernesto Sanz
Senador de la Nación por la Provincia de Mendoza
Presidente del Comité Nacional de la UCR